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¿Suicidios tecnócratas?

“Mientras usted presidente del Consejo fugitivo, que no viene al Parlamento, y va a los periódicos a contar … iba a decir un taco… a contar mentiras a los periódicos, hay personas que no llegan a final de mes y que se están suicidando, usted lleva en la conciencia estos suicidios”

Antonio di Pietro tiene estas cosas. A veces es un tipo brillante y otras se le va la mano. El miércoles en el Parlamento se le fue. Desde hace un par de semanas los medios han empezado a dar mucha visibilidad a una serie de suicidios que, a primera vista, pueden estar relacionados con motivos económicos.

Ayer mismo, mientras Mario Monti presentaba en Nápoles su plan de reestructuración para Pompeya, un discapacitado intentó prenderse fuego en la Plaza del Plebiscito. Un agente de policía consiguió convencerle de que no lo hiciera justo cuando ya tenía preparados una botella con gasolina y un encendedor de cocina. Cuando consiguieron tranquilizarlo dijo que “no quiero caridad, solo vivir de una manera digna”.

El miércoles, un empresario en quiebra se pegó un tiro en Roma y otro se colgó en Milán. El martes, una jubilada se tiró por el balcón de su casa porque, según los medios, le habían reducido la pensión de 800 euros a 600. La semana pasada un obrero se prendió fuego en su coche en Bolonia y otro, un inmigrante que llevaba cuatro meses sin cobrar, se inmoló en Verona.

Todo muy jugoso para ocupar una página y un buen espacio en los informativos. Sobre todo después del caso del anciano que se suicidó en Syntagma con nota incluida. Los medios de Berlusconi se han apresurado a culpar a Monti y sus recortes de un supuesto repunte en los suicidios. Il Giornale lleva toda la semana publicando piezas con el título: La crisis que asesina a los italianos. El de ayer es un ejemplo de manipulación al máximo nivel, mezclando supuestos datos oficiales de personas que se han quitado la vida con los penosos resultados económicos del tejido empresarial del país.

L’Espresso, en su edición de hoy, hace incluso un resumen de suicidios de empresarios desde noviembre de 2011, cuando llegó al Gobierno Monti.

El Instituto Nacional de Estadística Italiano (Istat) no tiene estudios actualizados y el 5 de marzo publicó los datos correspondientes a 2010 (PDF). Los suicidios por motivos económicos ese año fueron 182, seis menos que lo que dicen las tablas correspondientes a 2009.

Sí que es cierto que con respecto a 2005, 2006 y 2007, las cifras han aumentado considerablemente. Esos años hubo 105, 101 y 141 suicidios por motivos económicos respectivamente. Como la burocracia es la que es, hasta dentro de dos años no sabremos si de verdad el efecto tecnócrata llevó a los italianos a matarse en masa o no.

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Reírse del César en su casa y encima gratis

Fazio y Saviano, presentadores de Vieni via con me, en Rai 3El pasado lunes se estrenó en Rai 3 el programa de Roberto Saviano y Fabio Fazio ‘Vieni via con me’. Supongo que habréis visto más de una crónica comentando los datos de audiencia (la mejor del canal en 10 años) y los pormenores del estreno (aquí la crónica de Miguel Mora para El País), aunque yo no me quiero centrar en el papel del autor de Gomorra.

En realidad, ‘Vieni via con me’ no fue lo que se esperaba por una razón muy sencilla. No se habló todo el rato de Berlusconi. O mejor dicho, sí se hablo todo el rato de él, aunque el único que lo nombró fue el actor Roberto Benigni.

El programa nacía con trampa. Hace dos semanas, el director general de la Rai, Mauro Masi, retiró la oferta económica que en un primer momento había aprobado para el contrato de Benigni. Con Fazio y Saviano, Berlusconi podía tragar, pero el topo del premier en la televisión pública, pensó que tres contestatarios a la vez serían demasiado.

Los dos presentadores amenazaron con no salir en antena si Benigni no tenía contrato, pero el cómico les allanó el camino diciendo que iría hasta gratis. Y así lo hizo. Y se rió de Berlusconi y de Masi. Y habló de Ruby, de la mafia y nuevamente de Berlusconi.

Y dejó la sensación de que, de vez en cuando, la televisión italiana te puede sorprender, porque el “bufón” (tal y como se calificó el propio Benigni), se puede reír del César en su propia casa. Porque lo más gracioso de todo, es que la productora de ‘Vieni via con me’ es Endemol, en parte propiedad de Silvio Berlusconi.

Lo siento por los que no hablen entiendan italiano:

Aquí la segunda parte.

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Cuando el problema no es “irse de putas” (I)

Ruby. Fotografía exclusiva para Novella 2000

Silvio Berlusconi ha vuelto a llevarse el premio al mandatario del que más se habla. Como siempre en su caso, del que más se habla y mal. El pasado jueves se supo que Il Cavaliere había presionado a la policía para que liberaran a una chica menor de edad, marroquí, detenida en una comisaría de Milán por haber robado 3.000 euros. Al final resultó que esa chica, Ruby ‘Robacorazones’ había participado en al menos una de las fiestas que da Berlusconi en su mansión de Arcore.

Todo se remonta al pasado mes de mayo. La policía detiene en una calle de Milán a Ruby o Karima, que es su verdadero nombre. Estaba acusada de haber robado 3.000 euros a una chica propietaria de un centro de estética. Ruby fue trasladada a la comisaría y los agentes comenzaron a interrogarla. Descubrieron que era menor de edad, marroquí, y que no tenía papeles identificativos encima. También que se había escapado de un hogar de acogida hacía unas semanas. Los agentes llamaron pero nadie quiso hacerse cargo de ella. Al no contactar tampoco con sus padres, iniciaron el protocolo que se le aplica en estos casos a los menores.

Los carabinieri se pusieron en contacto con el fiscal del menor, que ordenó que hicieran una ficha a Ruby y le buscaran otro hogar de acogida. Cuando se disponían a hacerle las fotos pertinentes, la responsable de la comisaría los detiene. Hay una llamada del jefe de seguridad del primer ministro que asegura que la chica es nieta del presidente egipcio Hosni Mubarak y que deben dejarla en libertad si no quieren ocasionar un encontronazo diplomático.

Los carabinieri se ponen de nuevo en contacto con el fiscal del menor, que recomienda que la chica permanezca en comisaría toda la noche hasta que se encuentre una persona que se haga responsable de ella. El jefe de seguridad del Palacio Chigi, la sede del Gobierno, vuelve a telefonear informando de que una persona irá a recogerla. La persona en cuestión es Nicole Minetti, ex bailarina televisiva, dentista personal de Berlusconi y responsable regional de su partido, el Popolo della Libertà, en Lombardía.

Minetti se presentó en la comisaría cerca de las dos de la madrugada para recoger a Ruby. A la salida, ya con la chica, telefoneó a Berlusconi para tranquilizarle.

Hasta aquí, lo que se refiere al testimonio de la menor a la fiscalía de Milán, que estos días investiga a dos personas allegadas al premier por su relación con varios supuestos casos de prostitución que apuntan directamente a las fiestas en Arcore. Cuando los procuradores conocieron la historia de Ruby y que la persona que se había hecho cargo de ella era un miembro del PdL, entonces decidieron interrogarla por si tenía alguna relación con el caso.

¿Qué interés puede tener Berlusconi en liberar a una menor de la policía? Según él, porque tiene un corazón muy grande: “Me atacan porque tengo un buen corazón y ayudo a la gente que lo necesita. Me habría sentido avergonzado si no lo hago. Sin embargo lo hice, lo hago continuamente porque yo siempre he sido así”.

El problema es que Ruby confesó también ante la fiscalía haber estado en tres cenas de Berlusconi. Por lo que rápidamente se podía intuir que Il Cavaliere, por miedo a verse en un escándalo con una menor de por medio, forzó su liberación antes de que nadie se enterara. El caso ha dado la vuelta al mundo y ha provocado una serie de reacciones en la clase política italiana de consecuencias que pueden ser devastadoras para Berlusconi.

Más que los ataques de la oposición, lo que puede provocar la caída de Berlusconi es la postura del partido Futuro y Libertad (Fli) de Gianfranco Fini. El pasado mes de agosto, Fini decidió dejar el PdL y formar su propio partido dejando huérfana a la coalición que gobierna el país. En un principio se pensaba que la salida de Fini iba a ser inofensiva para el Gobierno, pero en septiembre se comprobó que sin sus votos en el Parlamento, el ejecutivo de Berlusconi tiene los días contados.

Pues el Fli condenó de manera unánime el comportamiento del primer ministro y su portavoz, Italo Bocchino, le advirtió de que “si está demasiado distraído como para gobernar, que lo diga” y convoque elecciones anticipadas. Este fin de semana se celebra el primer congreso del Fli y el domingo Fini explicará la línea política a partir de ahora en una rueda de prensa. Si Fini rompe definitivamente, Berlusconi estará perdido.

Pero vuelvo al caso Ruby. El periodista Marco Travaglio publicó un vídeo en Internet el pasado lunes que concluía con una frase que resume a la perfección lo sucedido:

No creo que haya que ser de izquierdas para darse cuenta de que un país como Italia no puede estar gobernado por una persona que la mitad del tiempo se va de putas y la otra mitad del tiempo la dedica a tratar de esconder que se va de putas

El hecho es que Berlusconi es aficionado a estar con señoritas. Y esto, aunque reprobable dado su cargo político, forma parte sólo de su esfera privada. De su vida personal. Lo grave es que Berlusconi dedique tiempo a intentar que nadie sepa que lo hace, como dice Travaglio. Y como consecuencia, el primer ministro italiano telefonee a su jefe de seguridad y le pida que telefonee a su vez a la comisaría donde ha sido detenida una menor para que los carabinieri que la han arrestado la dejen en libertad incumpliendo las leyes.

Es fácil imaginar cómo funciona un país cuando el jefe del Gobierno es el primero que presiona a la policía para que incumplan la ley abusando de su posición y en beneficio propio.

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Sin auxilio

Una discusión en el metro. Un escupitajo. Un forcejeo. Y un puñetazo.

Una chica rumana, de 32 años, enfermera profesional, está en coma en el hospital Policlínico y ha tenido que ser operada de varias fracturas en el cráneo por el golpe que le ha asestado un joven italiano de 20 años. En pleno metro, tirada en el suelo, ha pasado cerca de minuto y medio hasta que alguien se ha acercado a socorrerla. No se sabe si por miedo, o porque es rumana. Su vida corre peligro y por muchas excusas que él pida, ya nada volverá a ser igual para ella. Ni siquiera si sobrevive.

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Gordon Brown, el terrible (II)

Vamos por partes porque ha llovido mucho -Y no sólo en sentido meteorológico–  desde la primera parte de esto, que va camino de convertirse en saga.  Voy a ser telegráfico para que nadie se pierda.

Hay que darle la enhorabuena al periodista Andrew Rawnsley por conseguir que su libro, ‘The End of The Party’, tenga muchísima más repercusión que el que fue presentado pocos días antes por Lance Prince en The Independent, titulado ‘The Spin Doctor’. Ambos tienen en común que han conseguido que la opinión pública británica piense que Gordon Brown es un personaje desequilibrado y déspota. La diferencia es que las fuentes del primero parecen mucho más fiables que las del segundo.

El domingo, The Observer publicó en exclusiva los primeros extractos del libro. En esa entrega, el periodista habla del carácter “irascible” del primer ministro. También de su falta de previsión, indecisión y susceptibilidad con los titulares de prensa. Pero creo que los periódicos se están quedando en la superficie y dando demasiado altavoz a frases del tipo “no pasaba un sólo día sin que me tirara un periódico, un bolígrafo o una lata de coca-cola”, de uno de sus ayudantes. Todos hemos tenido jefes y sabemos cómo reaccionan de vez en cuando.

Lo que ha tenido menos repercusión es el constante estado de fatiga que se le atribuye al primer ministro en ese extracto. En numerosos comentarios de lo publicado en The Observer se dice que Brown estaba “exhausto”, “cansado” y que era incapaz de “tomarse unas vacaciones” ni siquiera en verano. “No era el tipo de cansancio que se cura con una semana durmiendo bien”, dice uno de sus ayudantes. “Tenía los hombros hundidos y la cara demacrada”, dice otro.

Según Rawnsley:

“Brown had been “ferociously hard-working” since childhood, says his friend Murray Elder. The eternal scholarship boy responded to adversity by thinking that he would find the answer to his problems by labouring even harder. He went to bed later and got up earlier, working even more fiercely in the belief that this was the way to get on top of things. He did not grasp that what he most needed to do was to learn to delegate and to prioritise”.

Las cosas habían ido mal. Como cuenta el libro, cuando Brown sucedió a Blair en 2007, los laboristas se pusieron por delante de los conservadores en las encuestas después de dos años. Tanto, que con la euforia, los más cercanos le animaron a que convocara elecciones anticipadas y así se quitara el estigma de ser un primer ministro que no había sido elegido directamente por el pueblo. Los laboristas pusieron en marcha la maquinaria electoral. Brown encargó a su ministro de Finanzas, Alistair Darling, que preparara un adelanto del presupuesto para el año siguiente y hasta la reina estaba preparada para una posible disolución del Parlamento.

A pocos días de que Brown fuera a anunciar el adelanto de las elecciones, los conservadores celebraban una conferencia en Blackpool. George Osborne, el responsable de finanzas Tory, hizo un anuncio que terminaría por minar las expectativas de los laboristas. Los conservadores estaban dispuestos a aplicar el impuesto de sucesiones a las rentas más altas. Los asesores de Brown le habían desaconsejado en varias ocasiones que llevara ese impuesto en su programa electoral y, por tanto, Darling no lo incluyó en el presupuesto.

No hizo falta. Tras el anuncio de Osborne los laboristas habían perdido fuelle en las encuestas. Lo peor es que no les quedaba más remedio que parar la carrera electoral, con el consiguiente ridículo para Brown. Los rumores de la marcha atrás habían llegado a la prensa y ya no había manera de pararlo. La reputación del primer ministro quedó por los suelos y las relaciones dentro del partido se resquebrajaron. Los unos se echaban las culpas a los otros del error y entre medias quedaba un Brown hastiado y con un humor de perros.

A las personas perfeccionistas y que tienen un exceso de responsabilidad les suele pasar esto. Que al final prefieren hacer la guerra por su cuenta antes que confiarle el trabajo a nadie. Sus esfuerzos para mejorar su imagen otra vez le pasaron factura en forma de estrés. Quería manejarlo todo para que no volviera a haber ningún error. Se metía en las labores de todos sus colaboradores y ministros. Hacía y deshacía a su antojo y vinieron las rebeliones que conté en el anterior post. Gordon Brown pasó de ser el hombre que podía sacar al nuevo laborismo de su atolladero para convertirse en un acosador laboral sin escrúpulos.

Entre unos y otros han aprovechado estos días la publicación de los libros para remover la imagen de Brown, ya de por sí maltrecha. Desde Christine Pratt, la directora y fundadora del Servicio Nacional contra el Acoso Laboral, que filtró sin que aún se sepa el porqué, que había recibido la llamada de cuatro personas del entorno de Brown; hasta David Cameron, que ayer se burló de lo lindo del primer ministro y de Darling.

Éste, en una entrevista la noche anterior, sugirió que Brown le había puesto a parir cuando le dijo que Reino Unido se iba a hundir en la recesión. Cameron, al que se le da muy bien aprovechar los puntos flacos de Brown dijo: “Después de las extraordinarias declaraciones del ministro anoche y tras las palabras del primer ministro esta mañana, cito textualmente “Nunca le diría a nadie que hiciera otra cosa que no sea apoyar al ministro”, ¿tendría usted el valor de levantarse y decirnos que esto es cierto?”.

Como bien dice Íñigo en este post “¿Qué es mejor? ¿Tener a un primer ministro educado pero incompetente o a otro paranoico e iracundo pero que sepa hacer su trabajo? ¿Se puede elegir? ¿Qué ocurre si es incompetente y paranoico?”. Pero a un buen primer ministro también le hacen las personas que le rodean y me temo que en todo este tiempo no han estado a la altura. A juzgar por los relatos, nadie ha sabido poner en su sitio a Brown y hacerle ver que su comportamiento era intolerable para la estabilidad del Gobierno. Tampoco parece que haya habido alguno que le haya aconsejado correctamente.

Lo que sí ha demostrado el primer ministro es saber reaccionar justo cuando se ha visto con el agua al cuello. Si siguen saliendo historias, le puede volver a alcanzar. Pero al final acabará resurgiendo. Las encuestas ya parecen estar de su parte. Un tipo que le grita a Blair, no debe ser tan malo después de todo.

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Banqueros buenos, banqueros malos

Desde hoy se podrá decir que hay dos clases de banqueros. Están los que después de la mayor crisis financiera desde la Segunda Guerra Mundial cobran sus bonus sin remordimientos. Y están los que no. Algunos tienen cuatro días para decidir a qué grupo pertenecen. Eric Daniels, director ejecutivo del Lloyds está en esa tesitura. El próximo viernes se publica la cuenta de resultados de su banco y se verá qué tajada le corresponde. El banquero opta a un máximo de 2,23 millones de libras, ¿le pesará la conciencia?

Hasta la semana pasada, seguro que Daniels se sentía el tipo más afortunado del mundo y ya preparaba alguna escapadita a Corfú o Santorini. Pero los directivos de otros bancos se han dispuesto a amargarle el fin de semana. El presidente de Barclays y su director decidieron renunciar la semana pasada a cobrar el bonus que les correspondía. Ayer, Stephen Hester, director del Royal Bank of Scotland (RBS), renunció al suyo.

Sobre Hester, el ministro de Empresa, Lord Mandelson, dijo ayer en una entrevista con Andrew Marr en la BBC, que está muy verde como para llevarse un premio.

“What I would say to RBS is this, and to their Chief Executive Stephen Hester who’s a rather strong and rather able man but whose performance in delivery has not yet been tested. Look if further down the line in years to come, he’s done well and he’s turned around RBS, he deserves”

El de Hester es un gesto que le honra. El Gobierno británico posee más del 90% de las acciones del RBS después de tener que nacionalizarlo hasta el límite el invierno pasado para que no se hundiera. Su antiguo director, Sir Fred Goodwin, dimitió por la nefasta gestión que llevó a cabo durante los peores días de la crisis. El banco perdió tan solo 27.000 millones de libras. Pero con su renuncia, Goodwin hizo el mejor negocio de su vida. Los estatutos del banco le permitían tener una pensión vitalicia de 725.000 libras anuales.

Los laboristas montaron en cólera por la obscenidad.  El desempleo no dejaba de subir y la recesión parecía no terminar. Y mientras, los peores gestores de la crisis se embolsaban los mejores beneficios. En su caso, como en el de otros, a costa del contribuyente, que tuvo que ver con paciencia cómo el Gobierno gastaba millones y millones en rescatar a la banca. Goodwin aceptó, después de muchas presiones, reducir su pensión a la mitad. Un hombre generoso.

Daniels está en estas. En la disyuntiva de quedar como un directivo responsable o de convertirse durante unas semanas en el villano para la opinión pública y la prensa. Goodwin aguantó y salió ganando, aunque por el camino le rompieron las lunas del coche.

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Gordon Brown, el terrible

Domingo 3 de mayo de 2009. La todavía ministra de Comunidades, Hazel Blears, utilizaba The Observer para criticar abiertamente la gestión del primer ministro, Gordon Brown, y reclamar una reacción del Gobierno en medio de una tormenta política con la crisis económica como escenario principal. Con los Conservadores liderando las encuestas desde hacía un año, lo peor para Brown estaba todavía por llegar.

“Labour ministers have a collective responsibility for the government’s lamentable failure to get our message across. All too often we announce new strategies or five-year plans, or launch new documents – often with colossal price tags attached – that are received by the public with incredulity at best and, at worst, with hostility. Whatever the problems of the recession, the answer is not more government documents or big speeches.”

Cinco días después, el diario The Daily Telegraph publicaba las cuentas de gastos de los diputados británicos. El periódico, quizá sin preverlo, acababa de provocar el mayor terremoto político que se recuerda en el Reino Unido en siglos. Durante ese mes y el que le siguió, siete ministros abandonaron el barco. Unos por haber cargado al herario público sus caprichos. Otros, por supuestos motivos familiares. Pero algunos, los que más ruido hicieron, dimitieron por desavenencias con la gestión de Brown.

Blears fue una de los damnificados. La ministra dejaba el cargo ‘oficialmente’, por haberse quedado con 13.000 libras de plusvalía que obtuvo al vender su segunda vivienda. Casa que mantenían los contribuyentes gracias al permisivo sistema del Parlamento. Brown apareció ante los medios calificando su comportamiento de “imperdonable” y le escribió una carta sugiriéndole que lo mejor era dejarlo. Ella renunció.

Pero la dimisión tuvo otros motivos menos aparentes. El dos de junio Blears se reunió con Brown para tratar varios asuntos ministeriales. En aquel encuentro hubo una fuerte discusión entre ambos y esto marcaría su futuro. Dentro del equipo de Brown se acusó a Blears de haber filtrado a la prensa que Jacqui Smith, la ex ministra de Interior, iba a dimitir. Brown, con la excusa de las ‘expenses’ se vengaba así por el artículo en The Observer.

Hay que decir que lo que más molestó a Brown no fue el hecho de que Blears reclamara de manera tan fuerte una reacción de sus compañeros. Esta fue la frase que enfadó realmente al primer ministro:

“People want to look their politicians in the eyes and get their anger off their chests. We need a ministerial “masochism strategy”, where ministers engage directly and hear the anger first-hand. I’m not against new media. YouTube if you want to. But it’s no substitute for knocking on doors or setting up a stall in the town centre.”

A Brown llevaban toda la semana masacrándole por culpa de una aparición en YouTube reclamando una reforma del sistema de gastos del Parlamento. En aquel momento, antes de que el Telegraph se hiciera con la información, los diputados británicos ya estaban tratando de llegar a un acuerdo para la publicación de las cuentas y aumentar la transparencia de la clase política.

Jacqui Smith, a la que un tabloide le había amargado la existencia por publicar cómo los contribuyentes habían pagado las películas porno que su marido veía en un hotel, dimitió. Un día antes que Blears. Y dos antes que James Purnell, el ex ministro de Trabajo y Pensiones. Pero Purnell no quería irse solo. En su carta de renuncia le dijo a Brown lo que ninguno se había atrevido a decir hasta ese momento: lo mejor para el partido es que te vayas.

“Dear Gordon,

We both love the Labour party. I have worked for it for 20 years and you for far longer. We know we owe it everything and it owes us nothing.

I owe it to our party to say what I believe no matter how hard that may be. I now believe your continued leadership makes a Conservative victory more, not less likely.”

Purnell y Blears pertenecen a la generación Blair. Toda una saga de jóvenes políticos que florecieron a los pies del ex primer ministro. Juntos fundaron el denominado New Labour. Brown, que había permanecido a la sombra ocupando diversos cargos de importancia durante dos legislaturas, no pertenecía precisamente a esa clase noble. Con la crisis de las ‘expenses’, los partidarios de Blair formaron una entente para acabar de una vez por todas con él. Tras el varapalo de las elecciones locales y europeas, todos los diputados laboristas se reunieron en Westminster para decidir si Brown se iba o se quedaba.

En la prensa fueron apareciendo voces anónimas que apuntaban los constantes ataques de ira del primer ministro, su dificultad para relacionarse con el resto, la falta de comunicación y de tacto y otras lindezas. Resultó inutil porque Brown aquella tarde dio el mejor discurso que se le recuerda. Y convenció al partido.

Pero hoy, nueve meses después de aquello, la publicación de un libro vuelve a poner en entredicho la personalidad de Brown. Lance Price, antiguo portavoz de Tony Blair, describe en su autobiografía al actual primer ministro como una persona “psicológicamente inestable”, con “accesos constantes de ira” y “delirios de grandeza”. The Independent publica este jueves varios estractos del libro que seguro poblará las mesitas de noche de los conservadores los próximos meses.

Es curioso como los antiguos apóstoles de Blair siguen tirando piedras sobre su propio tejado. Con sus guerras intestinas están acabando con el partido. El objetivo no es más que uno. Que del fiasco que les espera a los laboristas en mayo se imponga el antiguo orden.

En lo poco que aparece hoy en el diario, Brown se convierte más que nunca en un ser abominable y terrible, déspota y traicionero. Según una de las fuentes de Price refiriéndose a Whitehall:

“It isn’t a very nice place for people to work. However bad it sometimes looks from the outside, it’s far, far worse from the inside. And the atmosphere is very much set by him.”

Price ha entrevistado a personajes como Damien McBride, que salió rebotado del departamento de comunicación de Brown, después de que un ‘blogger’ desvelara la estrategia que había preparado para desestabilizar a los ‘tories’. Mediante una serie de rumores falsos difundidos por Internet, el jefe de prensa de Brown pensaba convencer a la opinión pública de que David Cameron, el líder del partido Conservador, tenía una supuesta enfermedad de transmisión sexual, o que George Osborne, la mano derecha de Cameron, tenía una afición desmesurada por las prostitutas de lujo.

McBride dice en el libro que Brown fue “un experimento noble que acabó estrellándose en los tiempos que vivimos”. Si alguien sabe cómo resistir a las rebeliones ese es Brown. Es posible que no sea un político modelo, pero lo que es indudable es que los que quieren sucederle llevan la marca de la casa. La de la ambición de poder que Blair demostró y sigue demostrando. Habrá que ver si eso es lo que necesita el Reino Unido.

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