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Il Papa straniero

Acababa de aterrizar en Roma, en septiembre de 2010, cuando escuché por primera vez una expresión que me llamó la atención: il Papa straniero (El Papa extranjero). Ya por entonces, el Gobierno de la gran mayoría absoluta de Silvio Berlusconi hacía aguas por todos lados. En abril, Il Cavaliere, con la escena del famoso “che fai?, mi cacci?” durante el Congreso Nacional del Pueblo de la Libertad, certificó su divorcio del posfascista Gianfranco Fini. Fini era presidente del Congreso y se había negado repetidamente a propiciar la aprobación de ciertas leyes que hoy habrían impedido todas las sentencias que ha ido encadenando el magnate.

En la lógica berlusconiana, cuando alguien deja de ser útil a sus intereses, se convierte en enemigo. Así que el ex primer ministro puso a funcionar lo que Roberto Saviano define como la macchina del fango. Movilizó a los periodistas y medios de la corte y le organizó tal campaña de desprestigio que Fini, que si algo ha demostrado durante su carrera es ser un cobarde de tomo y lomo, acabó reculando y, en lugar de abandonar al Gobierno a su suerte, votó a favor de la moción de confianza a la que tuvo que someterse Berlusconi después de la que se había organizado.

El país -aunque no me daría cuenta hasta mucho más tarde de que eso era algo crónico- olía a elecciones anticipadas. Y el Partido Democrático (PD), errático como siempre, empezaba a removerse en busca de un líder con la fuerza necesaria para acabar con el maligno. Hasta entonces sólo Romano Prodi le había ganado en las urnas, y en plena vorágine, Walter Veltroni, al que Berlusconi le hizo un roto monumental en las elecciones de 2008, sugirió en una entrevista con el canal de televisión de La Repubblica, que lo que el PD necesitaba era “una persona de la sociedad civil” que pudiera “sumar” y “provocar la apertura y el consenso en el centroizquierda”. Justo lo que en su momento había hecho Prodi con El Olivo.

Lo que Veltroni estaba pidiendo era alguien ajeno al PD cuya trayectoria y carisma fueran tan indiscutibles que uniera al frente político y social de la izquierda italiana para terminar con el berlusconismo de una vez por todas y reconstruir el país: Il Papa straniero. Como la referencia eclesiástica es clara, he tratado de encontrar el origen de la expresión, pero no he tenido mucho éxito. Y ni el bueno de Iñaki Díez, corresponsal de RNE en Roma, ni la buena de Lucia Magi, profesional a la que el tiempo alguna vez le recompensará todo su esfuerzo, pudieron decirme con exactitud cuándo se empleó por primera vez.

Lo que sí sabemos es que Juan Pablo II fue el primer Papa straniero en cinco siglos, así que imagino que la Curia romana debía tener una muy buena razón para nombrar a un no italiano después de tanto tiempo. Los viajes de Wojtila serían un claro indicativo de que lo que buscaba la Iglesia era superar las barreras de Europa y unir en santo matrimonio a los fieles de todo el globo (y ya de paso acabar con el comunismo, pero ese es otro tema).

La irrupción de Pablo Iglesias con Podemos me ha recordado estos días a esa figura del Papa straniero que se aplica en la política italiana, casi siempre en el centroizquierda. En este caso se trata de un tipo joven, con una formación importante, carismático y respetado, cuyo mensaje es tan claro que llega a cualquier sector progresista, ya sea desde la pantalla de un televisor o desde una plaza en Mérida, y que seguramente genera un sentimiento de pertenencia a algo común, que potencialmente puede desencadenar un nuevo espacio de encuentro.

Cuando me contaron lo que se estaba cocinando hace ahora un par de semanas no voy a negar que me provocó cierta desconfianza. No en Iglesias o en el proyecto, sino en que eso pudiera llegar a algún sitio con Izquierda Unida. Lo que no me esperaba para nada era la postura que han tomado algunos, que más allá de criticarle por los tiempos o la manera de presentar su iniciativa como sí están haciendo muchos, se han centrado en el aspecto mediático. Como si el hecho de salir en las tertulias de los canales mayoritarios le hiciera un personaje menos válido para la izquierda. Si Iglesias es el adecuado, yo no lo sé, pero al menos ha abierto el debate.

El viernes pasado en la presentación de Podemos, él mismo dijo que es consciente de que es “un elemento mediático”. Pero también repitió  algo que muy pocos le podrán negar. Hoy sólo hay dos personas que podrían considerarse referentes de la izquierda social y de la izquierda política con capacidad suficiente como para representar a la ciudadanía en bloque y contar con un amplio consenso político: Ada Colau y Alberto Garzón. La primera ha dicho por activa y por pasiva que no le interesa, y el segundo interpreto que es un cartucho que nadie se quiere permitir el lujo de gastarlo ahora -seguro que ni él mismo- porque Garzón será candidato a presidente del Gobierno más tarde o más temprano.

Iglesias dejó dos reflexiones más que quizá los periodistas no hayamos sabido transmitir con claridad estos días. La primera es que si los actuales líderes de la izquierda tuvieran el don de la palabra, posiblemente él no sería necesario. El que quiera ver en esto un signo de prepotencia es totalmente libre. Pero el tono de Iglesias el viernes estuvo muy alejado del del personaje televisivo. A mi me parece más bien una afirmación realista. Si hubiera alguien capaz de llegar a la gente como él sabe que lo hace , no se estaría presentando a las elecciones europeas.

La segunda es el respeto a los procesos internos de cada organización política. Cuando Iglesias habló de primarias abiertas no estaba retando a nadie. De hecho habló de “competir” desde la “lealtad” -que es muy distinto- con el candidato que IU hubiera elegido de forma interna después del proceso que se ha abierto para la elaboración de listas entre sus federaciones, corrientes y partidos.  Y si IU quiere, una vez que termine su proceso de elección del candidato, Podemos le ofrece dar un paso más allá y permitir que sea la ciudadanía, es decir, el bloque social, el que refrende ese proceso dando el visto bueno a quienes considere más representativos. Eso daría como resultado el ansiado Frente.

La iniciativa, leída en su conjunto, no puede no parecer atractiva a alguien de izquierdas que no milite en IU. Sin embargo, es más que comprensible que los que sí lo hacen tengan muchas dudas, pese a ser conscientes de lo que pueda llegar a representar Iglesias. Una persona que empieza a militar en IU a los 18 años y que, por ejemplo, pasados unos siete años adquiere cierta importancia dentro de su asamblea local o de su federación, es alguien que se ha dejado tiempo, ilusión, esperanza y ganas en las movilizaciones, en las campañas, trabajando en su barrio y preparando acciones, asambleas o conferencias. Y estos dos últimos años han dado para mucho ¿Por qué va a aceptar de buenas a primeras que la persona que IU ha elegido democráticamente consultando a las bases tenga que competir con un Papa straniero? Es más, llegados a ese punto, el juego no se haría en igualdad de condiciones porque el aspecto mediático sería un factor clave en unas primarias abiertas. “Hacer unas primarias de ese tipo sería como asumir que Pablo es nuestro candidato”, me decía alguien hace poco.

Las palabras de Cayo Lara el domingo y el lunes, por mucha punta que se les quiera sacar -como la historia de que son un invento de EEUU-, van orientadas a proteger a la Federación y a reivindicar a su gente y sus procesos internos, que pueden ser todo lo imperfectos del mundo, pero no dejan de ser los que son y fueron refrendados por una gran mayoría en la X Asamblea Federal celebrada hace poco más de un año. Si se quiere ir más allá, el Consejo Político Federal de IU aprobó unas normas hace diez días que implican ya un cierto cambio de aires.

No tuvo un apoyo masivo, es cierto, -fue votado por menos de un 65%- pero se hizo dos días antes de que se diera a conocer la predisposición de Iglesias a presentarse como candidato. Si hubiera habido un acuerdo colectivo mucho más importante, que hubiera ido más lejos de incidir en la mera necesidad de que el proceso sea lo más participativo posible, entonces hoy estaríamos hablando de otra cosa. Si Iglesias hubiera llegado antes, igual también. Eso no quita, no obstante, para que muchos dentro de IU opinen que aún así no se ha hecho suficiente y que es necesario subirse a la ola generada por Iglesias porque aún hay tiempo de aquí a mayo.

¿Cómo conjugar todo el trabajo y el esfuerzo que ha hecho IU este tiempo en la calle con la ruptura que propone Iglesias sin que nadie salga herido? Julio Anguita decía este lunes en Público que él se debe a IU, pero que la iniciativa le parece excelente y que Iglesias ha conseguido concretar ese proyecto de apertura y de unidad al que tantas vueltas le está dando la izquierda. Hay quien ve en Iglesias todo lo contrario, un outsider con intereses oscuros, que en lugar de unión, lo único que va a conseguir es dividir más aún a la izquierda y arrancarle unos cuantos votos a IU en las europeas.

Varias personas a las que admiro por su empeño en hacer que IU sea una organización mejor planteaban ayer la posibilidad de que sea precisamente el Frente Cívico que encabeza Anguita el que haga de mediador entre IU y Podemos. Esto, irremediablemente, me lleva a otra analogía con la temática papal y asumo el riesgo de que alguien empiece a ponerme etiquetas vaticanas. Hablo de la idea de cónclave. Han pasado sólo unos pocos días desde que se conociera de qué va Podemos, pero quizá sea el momento de que, en lugar de que unos y otros sigan lanzándose mensajes velados a través de los medios de comunicación y las redes sociales, se sienten a hablar y busquen lo común. Que no es sólo el programa y los objetivos (democratización de las instituciones de la UE, desaparición de la Troika, renegociación de la deuda y auditoría…), que esos, se sobreentiende que son los mismos. Evitar el espectáculo a los ciudadanos y poner el sentido común y la madurez encima de la mesa sería todo un detalle.

Ahora, si eso se da, esperemos que no ocurra como el famoso cónclave de Viterbo, en el que una comisión especial formada por seis cardenales tardó tres años (1268-1271) en seleccionar a un Papa -que, por cierto, no fue straniero-. Los seis elegidos estuvieron encerrados bajo llave 36 meses en un palacio de esta localidad del Lazio y sólo cuando les redujeron la comida y el agua y le levantaron el tejado al edificio, llegaron a un acuerdo. El frío y el hambre, tienen estas cosas. Como anécdota, puede resultar gracioso. Como estrategia política, sería un desastre.


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Historias del berlusconismo tardío (I)

Valter Lavitola aterrizó esta mañana en Fiumicino con la misma cara de siempre de no haber roto un plato en su vida. Ha estado huido seis meses, presuntamente en Panamá, porque le tiene “un pánico horrible a la magistratura”. Los señores de uniforme que le escoltan, agentes de la Policía judicial, se lo han llevado directamente a un cuartelillo para tomarle declaración y comunicarle que iba a ser trasladado a la cárcel de Poggioreale en Nápoles.

La suya es una de las historias más surrealistas que han visto los italianos en los últimos tiempos. Fundó un periódico -fantasma-, el L’Avanti!, gracias a los fondos públicos que el Estado concede a las publicaciones de partido o ideológicas (La Fiscalía le acusa de haberse quedado 23 millones de euros para sus negocios personales).

Y nadie había oído hablar de él hasta que un día de septiembre de hace dos años decidió alistarse en el ejército mediático del régimen. L’Avanti! publicó un artículo devastador contra el presidente de la Cámara, Gianfranco Fini, acusándole de haberse quedado con una casa en Montecarlo perteneciente a su anterior partido, el posfascista Alianza Nacional. Con el tiempo se descubrió que todo era mentira. Fini había salido de la coalición que presidía Berlusconi en julio dejando al Gobierno en parada cardíaca y los medios berlusconianos, como venganza, pusieron en marcha la máquina del fango.

Lavitola pensó que con aquello conseguiría hacer realidad su verdadero sueño: llegar al Parlamento como diputado del Pueblo de la Libertad. No lo consiguió -por suerte-. Más tarde afirmaría que Berlusconi estaba en deuda con él.

Lo que es cierto es que con el Cavaliere tenía hilo directo y que gracias a él pudo cerrar varios contratos importantes en Panamá. Pero esto solo se sabría más tarde, el 1 de septiembre de 2011, cuando la Fiscalía de Nápoles ordenó su arresto por haber extorsionado a Berlusconi junto al empresario Gianpaolo Tarantini y su mujer Nicla a cambio de cubrirle las espaldas en el caso Escort.

Abrimos un paréntesis. La Fiscalía de Bari había imputado a Tarantini por proxenetismo y tráfico de drogas en la trama de “fiestas elegantes” del primer ministro en su residencia de Roma. Fue él quien llevó a Palazzo Grazioli a Patrizia D’Addario, la joven que después contaría a medio mundo aquello de las duchas frías del Cavaliere, los polvos a pelo y la cama de Putin.

El 15 de septiembre los fiscales depositaron las actas de la acusación y se levantó el secreto de sumario. La publicación de los pinchazos telefónicos (100.000 ni más ni menos) fue demoledora. De las llamadas casi diarias entre Berlusconi y Tarantini se desprende que el Cavaliere le solicitaba mujeres a la carta, que pagaba por mantener relaciones con ellas y que a la mañana siguiente se llamaban para comentar la jugada (El mito de las 11 mujeres esperando en su puerta viene de aquello).

Berlusconi, para mostrarle su gratitud, ponía en contacto a Tarantini con algunos peces gordos que le llevaron a firmar importantes contratos con la Protección Civil y Finmeccanica, el coloso estatal de la industria armamentística.

Cerramos el paréntesis. ¿Cómo entra en todo este asunto Lavitola? La Fiscalía de Nápoles  investigaba en aquel momento los casos de corrupción que se estaban cometiendo con los contratos de adjudicaciones públicas y consultorías de Finmeccanica. Y el nombre del periodista y el de Tarantini aparecían en varios pinchazos.

Cuando los fiscales intervinieron el teléfono de ambos se encontraron el pastel. Tarantini, a través de Lavitola, estaba recibiendo dinero de Berlusconi. El Cavaliere le pagaba el abogado y le daba dinero todos los meses para mantenerse. El periodista lo recogía directamente en Palazzo Grazioli de la mano de su secretaria, Marinella Brambilla, y se encargaba de administrárselo (el caso acabaría en manos de la Fiscalía de Roma porque allí era donde se movía el dinero).

La primera reacción de los investigadores napolitanos fue pensar que estaban chantajeando a Berlusconi por el caso Escort. La segunda reacción, cuando se publicaron las actas de la Fiscalía de Bari y vieron el contenido de los pinchazos telefónicos, fue todo lo contrario.

Ya se sabe lo mal pensadas que son las fiscalías en Italia. Los fiscales empezaron a plantearse si en lugar de una extorsión, no sería que Berlusconi estaba pagando a Tarantini a través de Lavitola para que no se le ocurriera decir que sabía que las prostitutas eran prostitutas. Todos sabemos que el Cavaliere nunca haría eso y que cuando da dinero a una persona es porque tiene un corazón enorme.

“Ayudé a una persona, Gianpaolo Tarantini, y a una familia con niños que está pasando una situación económica gravísima. No he hecho nada ilícito, tan solo he echado una mano a un hombre desesperado sin pedir nada a cambio. Yo soy así y nada va a cambiar mi manera de ser” [Ver Nicole Minetti en el caso Ruby]

Las ayudas económicas de Berlusconi eran de 20.000 euros al mes. Pero Tarantini quería más y pidió a Lavitola que si conseguía que el Cavaliere le diera 500.000 euros renacería de sus cenizas y se lo podría devolver con intereses. Lavitola conseguiría el dinero pero en lugar de dárselo a Tarantini lo ingresó en una cuenta secreta en Paraguay.

La tesis de que el chantaje no existía empezó a cobrar más fuerza cuando los fiscales, pinchando el teléfono de Lavitola, captaron una conversación de este con Berlusconi.

Otro paréntesis. El periodista estaba en Bulgaria y el Cavaliere le recomendaba que no volviera a Italia. No por lo de Tarantini, ya que ninguno de los dos sabían que estaban siendo escuchados. Sino porque Lavitola, masón reconocido, había aparecido en las investigaciones sobre la P4 de Luigi Bisignani.

Bisignani había tejido durante años una red de espionaje en las entrañas del Palazzo de Montecitorio que le permitía acceso directo a todo lo que se cocía en las comisiones parlamentarias, a la vida privada de los diputados y, por tanto, a chantajearlos influyendo en sus decisiones.

Lavitola conocía a Bisignani, que en sus años mozos fue periodista de Ansa y jefe de comunicación en el Gobierno Andreotti, y los fiscales estaban detrás suya para que aclarara su relación.

Cierre del paréntesis. Aquella conversación, en la que Berlusconi recomendaba a Lavitola que se quedara donde estaba, el Cavaliere le confesó que él también estaba pensando en irse “de este país de mierda”.

“No me importa nada porque yo soy transparente, tan limpio en todo lo que hago que no me afecta nada. Yo no hago nunca nada que pueda convertirse en un delito, así que estoy completamente tranquilo”.

“Lo único que pueden decir de mí es que follo. Esto es lo único que pueden decir que hago, así que, que me pongan micrófonos donde quieran y que escuchen mis conversaciones. No me importa. Total, dentro de unos meses me voy de este país de mierda”

Para ser un chantajista, Berlusconi tenía mucho aprecio por Lavitola, algo que era recíproco. No solo se fugó, como le había aconsejado, sino que además, antes de irse, tuvo el detalle de regalarle una tarjeta de teléfono peruana para que nadie pudiera interceptar las llamadas del primer ministro.

Al lío que se montó con el “este país de mierda” le siguió un vídeo comprometedor.

Las imágenes corresponden a una visita oficial de Silvio Berlusconi a Panamá. Por la escalerilla del avión presidencial, además de al exministro de Exteriores, Franco Frattini, se ve descender a Lavitola.

¿Qué pintaba este señor en Panamá? Lo explicaría el propio Lavitola en dos entrevistas a la televisión italiana desde paradero desconocido -insisto, la mayoría de medios creen que estaba precisamente en Panamá-. Ya que Berlusconi no le dejó entrar en política al menos quería demostrarle que podía ser su embajador personal en Centroamérica y Suramérica. No le fue mal. Su versión es que consiguió cerrar varios acuerdos para Finemccanica con el Gobierno panameño y cuando pidió más dinero se desentendieron de él.

Hoy la Fiscalía de Nápoles ha justificado su ingreso en la cárcel de Poggioreale por corrupción internacional. Según los fiscales habría hecho de intermediario con el Gobierno panameño para cerrar un contrato para la construcción de varias prisiones valorado en 176 millones de euros que nunca acabó de concretarse. Lavitola se tenía que embolsar un pico en comisiones ilegales y se lo tomó tan en serio que consiguió engatusar al presidente Ricardo Martinelli llevándoselo de vacaciones a Villa Certosa, la mansión de Berlusconi en Cerdeña.

Para rematar la faena, la hermana de Lavitola ha declarado a los fiscales que el periodista pensaba chantajear a Berlusconi -esta vez parece que de verdad- una vez hubiera vuelto a Italia. La cifra eran 5 millones de euros a Berlusconi a cambio de su silencio y según la hermana, el Cavaliere sabía perfectamente por qué.

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Rai sin voz

Michele Santoro, Annozero: fuera. Roberto Saviano y Fabio Fazio, Vieni via con me: fuera. Serena Dandini, Parla con me: fuera. El Consejo de Administración de la Rai ha decidido prescindir de tres de los programas más vistos de la televisión pública durante la pasada temporada (el último de ellos esta mañana).

Sobreviven Ballarò y, por ahora, aunque está pendiente de revisión, Che tempo che fa, también de Fazio.

La directora general de la Rai, Lorenza Lei, dice que la decisión (exceptuando la rescisión de contrato de Santoro) se debe a los problemas económicos de la cadena. Todos irán a la competencia, arrastrando audiencia y contratos publicitarios, es decir, ingresos.

Curiosamente, los programas más vistos son los más críticos con Berlusconi. Curiosamente, su partido controla los consejos de Rai1 y Rai2. Curiosamente, Berlusconi es dueño de todas las cadenas privadas que emiten en abierto, menos La 7.

Menos críticas, menos sustos, más reparto de la publicidad, más dinero. Y más propaganda. Porque mientras la Rai se queda sin voz al prescindir de sus mejores profesionales, seguirá sirviendo a mesa puesta los editoriales de Augusto Minzolini, director del Tg1.

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Viva Zapatero, que diría Sabina Guzzanti (cómica represaliada por Raiot)

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Han sido los de siempre

Si después de 21 procesos judiciales Silvio Berlusconi sigue en política, obviamente no iba a dimitir por perder unas elecciones municipales. Ayer por la noche volvió a dar una clase magistral de berlusconismo. Nombró heredero al trono (al suyo porque él aspira al de la presidencia de la República) al ministro de Justicia Angelino Alfano, y en lugar de decir qué ha hecho mal durante la campaña, le echó la culpa de la debacle electoral a los de siempre: los medios, los jueces y la izquierda.

Y por una vez acertó con uno de los culpables. Del mismo modo que la izquierda ha revivido a Berlusconi cada vez que ha estado a punto de caer en estos 17 años, ahora es Berlusconi el que con su actitud (que por otra parte no ha cambiado nunca) ha revivido una izquierda que parecía muerta. No hay que subestimar el efecto de las municipales: la gente y la oposición han visto que se le puede ganar. Pero son expertos en resucitar al muerto, así que si han aprendido algo, de lo que se trata ahora es de dejarle que acabe ahogándose solo.

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Anoche estuve viendo la última película sobre el personaje, Silvio Forever, de Roberto Faenza y Filippo Macelloni. Se estrenó hace unos dos meses en Italia. Había estado prohibido hasta entonces porque, versión oficial, aparecía su madre.

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Conversaciones de taberna

No contento con el dinero que le va a costar a la Rai la maratón de telediarios del viernes, anoche Berlusconi se pasó por el bar de su amigo Bruno Vespa. La escena me recordó a la bodega de Agapito, en mi pueblo, después de un día de caza. Con unas cuantas perdices atadas al cinturón y los galgos por allí rondando, los cazadores arreglan el mundo entre tragos de la bota de vino y trozos de queso.

Al plató de Vespa le falta eso, una bota de vino. O quizá una mesa de madera, un mantel de papel, unas fichas de dominó y una copa de anís. Así las conversaciones estarían rodeadas del ambiente adecuado. Berlusconi, más que de cazador, iba de alcalde. O de terrateniente. Habló de mozas, de rojos y de las habladurías y conspiraciones contra él. Lo típico, diréis. Desgraciadamente sí.

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De las mozas

– B: Hice una llamada a un funcionario de la comisaría para obtener una información y me acusan de abuso de poder y el Parlamento discute de esto.

– V: Pero cómo se le ocurre llamar a usted, el presidente del Consejo, a un funcionario. ¿No podía hacer que llamara el jefe de la Policía, Bonaiuti, mi tío…?

– B: Ahora llamaré al nuevo Gobierno de Egipto para decirles que se están tratando a Mubarak de manera indecente y pediré la excarcelación de Mubarak asumiendo que es el tío* de Ruby […] Yo soy una persona que ayuda a las personas en peligro, lo habría hecho incluso por Rosy Bindi.

* De Ruby se hablaba en Italia como la nipote de Mubarak. Nipote es un término que se aplica tanto a sobrinos como a nietos y dada la edad de Ruby y la de Mubarak, todos los periodistas españoles optamos por traducirlo como nieta. Como la relación de parentesco no existe, creo que la historia no cambia mucho.

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De los rojos

– B: El señor De Magistris no tiene ninguna experiencia. Donde hizo el magistrado fue censurado, se le quitó la fución de fiscal, le cambiaron de sede… Es un incapaz total, un demagogo, uno que es guapo y que igual le gusta a las mujeres, sabe cómo exhibirse, pero no tiene ninguna sustancia […] Creo que no hay una persona con la cabeza sobre los hombros que pueda votar al señor De Magistris, si uno le vota que vaya a su casa, se mire al espejo y diga: soy un hombre o una mujer sin cerebro.

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De las habladurías y los jueces

– V: Es cierto que hay muchos programas que no le quieren y lo demuestran todos los días, pero digamos que cinco telediarios están con usted. A propósito de esto, sobre esta fantástica ronda en los cinco telediarios, ¿es verdad que usted quería hacer sólo dos pero que los directores se peleaban? Eso ha sido un error suyo, presidente.

– B: No, en todo caso ha sido una cortesía por mi parte.

– V: Ha salido cara la cortesía, ¿no?

– B: Veámos, el señor Veltroni dice que es gravísimo que el líder del centroderecha no haga declaraciones a cinco días de las elecciones. Zaccharia, exdirector de la Rai, lo mismo. Hablo con Paolo Bonaiuti, que es mi jefe de prensa, y le digo que no me ha buscado ninguna entrevista y que yo, como siempre, estoy dispuesto a hablar con los periodistas. Habla con el director del Tg1 y quedamos en que mandan a un periodista a las cuatro. La noticia del Tg1 circula y el Tg5 llama inmediatamente. El director estaba furioso y habla con Bonaiuti diciéndole que cómo le damos una entrevista al Tg1 y no a ellos, que si son los parientes pobres. Y yo digo: lo hacemos mañana. Me responde: No. Parecía que estuviera pasando algo terrible.  Después de ellos nos han pedido otras seis entrevistas más […] Ninguno aceptaba que un telediario sacara una entrevista con el presidente Berlusconi antes que el otro y luego dicen que la culpa es mía.

– V: Sí, pero ahora hay que pagar una multa de 258.000 euros [son 358.000. 258.000 el Tg1 y 100.000 El Tg2, ambos de la Rai]

– B: No, yo ceo que no la pagaréis porque la decisión de la Agcom es una locura. Hay un sistema absurdo que se llama par conditio por la que un partido que tiene el 1% tiene que tener durante la campaña electoral los mismos minutos en televisión que otro que tiene el 30%. Esto no pasa en ninguna otra democracia en el mundo.

– V: Eso se aplica a otro tipo de transmisiones. La multa es porque dicen que usted estaba haciendo campaña en los telediarios.

– B: […] Lo que ha pasado es que la Agcom llevó la decisión a una comisión en la que hay tres miembros de la izquierda y uno de la derecha. ¿Cómo puede haber justicia en una comisión donde hay una impar conditio? Esto pasa también con otras entidades importantes que deberían ser de garantía en nuestro país, pero que en realidad son órganos desequilibrados políticamente, que se convierten en órganos políticos y que imponen la ley del más fuerte dependiendo si juzgan a un amigo o a un enemigo político.

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¿Cómo terminará todo esto? El domingo y el lunes se celebra la segunda vuelta de las elecciones municipales en Milán y Nápoles. Si Berlusconi pierde Milán se lo comerá Bossi, la oposición o su propio partido. Si gana, esto no terminará nunca.

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El beso y la mano

No es que el resto de países no tenga nada que explicar. Quizá una jaima en Sevilla, quizá un terrorista liberado, quizá una tal Marine Le Pen llevándose los votos de la derecha francesa (aunque sea falsificando las encuestas). Pero el contorsionismo de Berlusconi no tiene nombre.

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Un culo siempre es mejor que una noticia

Libero se ha apuntado a la última moda de los periódicos berlusconianos: sacar en su portada a alguien en pelotas para acusar a la izquierda de moralista por creer que es impropio de un primer ministro tener una red de prostitutas a su disposición, algunas de ellas menores.

Hoy le ha tocado la lotería a Romano Prodi y el calendario que unas cuantas chicas ligeritas de ropa le dedicaron en 2008. El texto de la noticia no es menos hilarante y recurre a la matraca de la prensa del régimen estos días atacando al diario L’Unità de Concita de Gregorio, por usar a una chica en minifalda para una campaña de publicidad creada por Oliviero Toscani. Da igual las veces que la directora les haya explicado a los honorables libertarios el significado de la minifalda en la liberación femenina. En el fondo, es una máxima del berlusconismo: repetir una mentira las veces que sea necesaria para convertirla en verdad.

El adalid de este tipo de ataques es Il Giornale, que consiguió superarse hace unos días sacando una foto del líder de Izquierda, Ecología y Libertad, Nichi Vendola, desnudo en una playa en 1979.

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