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Tsipras en Italia

Durante el Congreso del Partido de la Izquierda Europea (PIE) que se celebró en Madrid el pasado mes de diciembre tuve la oportunidad de charlar un par de veces con Fabio Amato, miembro de la secretaría nacional de Rifondazione Comunista. Alguna gente me comentó que Rifondazione estaba intentando que el PIE le hiciera un hueco en la Ejecutiva. Era, desde mi punto de vista, un intento de reflotar el partido en Italia después de haberse quedado fuera del Parlamento en las elecciones de febrero al no haber llegado si quiera al 3% presentándose con la Lista de Rivoluzione Civile encabezada por el exjuez antimafia Antonio Ingroia.

Habría sido un gesto interesante pero cuando hablé con él la primera vez me explicó, mientras se echaba un cigarro, que no había podido hacerse por el reparto paritario en las vicepresidencias. Amato se incomodó mucho con la pregunta – algo que posiblemente estaba relacionado con el ambiente enrarecido que se había creado en torno a la reelección de Pierre Laurent como presidente- y no paró de repetirme: “No hay ningún problema, no hay ningún problema”.

Un poco más tarde volví a coincidir con él en el pasillo que daba al salón del Pleno. Estaba bastante más relajado, así que aproveché para preguntarle por la situación de Rifondazione. Me reconoció que las cosas no estaban bien -como no podía ser de otra manera- porque “la gente está dormida”, pero con una medio sonrisa en la boca me aseguró que tenían mucha esperanza en la candidatura de Alexis Tsipras a la Comisión Europea. “Creemos que puede haber un grupo de intelectuales que traten de poner algo en marcha gracias a la presencia de Tsipras”, me dijo. El tipo lo decía totalmente convencido aunque a mi, pensando en la realidad italiana, me hizo, sobre todo, mucha gracia. El bueno de Amato, sin él saberlo, acabó dándome el arranque para uno de los textos que escribí aquellos días sobre Tsipras.

Rifondazione Comunista nace en febrero de 1991, escasos minutos después de que Achille Ochetto decretara –con el apoyo mayoritario de los delegados del XX Congreso– la disolución del Partido Comunista Italiano y su conversión en el Partido Democrático de la Izquierda -lo que sería hoy, después de muchas idas y venidas, el Partido Democrático que dirige Matteo Renzi-. Sus mayores logros coincidieron siempre con las victorias del centroizquierda en las elecciones y su apoyo fue vital para dar nacimiento a los dos gobienos de Romano Prodi. Después de haber sufrido una serie de deserciones masivas -la última, la de Nichi Vendola en 2009– Rifondazione es hoy una fuerza totalmente minoritaria que, sin embargo, no deja de ser una de las dos opciones alternativas en el espectro de la izquierda -junto con Sinistra, Ecologia e Libertà de Vendola, que sostiene al Gobierno Letta- a un Partido Democrático que ha perdido toda la credibilidad al haber aceptado en un primer momento la formación del Gobierno Monti y, después, la grosse koalition a la italiana con la derecha.

El caso es que, pese a mi incredulidad, Amato jugaba con información privilegiada cuando me dijo lo de Tsipras. Ya el 23 de diciembre la web Micromega de La Repubblica, publicaba la traducción de una entrevista en un medio griego a la periodista y escritora Barbara Spinelli, en la que decía que creía en “una lista italiana a favor de Tsipras para las elecciones europeas, una lista que sostenga que debemos aprender la lección de todo lo que ha sucedido: nosotros queremos a Europa, pero la queremos cambiada de una forma radical”. Poco después, el 16 de enero, en un editorial titulado Nominemos a Tsipras a las europeas, el diario Il Manifesto recogía el guante lanzado por Spinelli y apuntaba la necesidad de “una lista electoral compuesta por personalidades de la sociedad civil y de los movimientos […] para derrotar la política de las grandes coaliciones y para construir también en Italia una alternativa de Gobierno que necesita un espacio político autónomo y radical de la izquierda que haga del empleo, de la democracia y de los derechos, los desafíos sobre los que construir la perspectiva del cambio en Italia”.

Un día más tarde, el 17, también en las páginas de Il Manifesto, Spinelli, Andrea Camil­leri, Paolo Flo­res d’Arcais, Luciano Gal­lino, Marco Revelli y Guido Vialle, formalizaron una propuesta para la creación de una lista ciudadana que representara algunas de las demandas principales que reclama la izquierda alternativa europea a través de la voz de Tsipras. En concreto habla de la abolición del pacto fiscal, del fin del sometimiento de la economía de los Estados a los mercados, de la refundación de las instituciones europeas y de la elaboración de un plan para salir de la crisis centrado en el trabajo y en los derechos sociales.

Los intelectuales, invocando al espíritu del referéndum contra la privatización del agua del verano de 2011, llamaban a los movimientos sociales y a personas de la sociedad civil a apoyar esa candidatura que, si bien no se va a adherir al PIE, sí se sentaría, en el caso de conseguir algún eurodiputado, en los escaños del Grupo de la Izquierda Unitaria al que pertenecen, entre otros, Syriza, Izquierda Unida, el Parti de Gauche y Die Linke.

Una semana después, Tsipras, de nuevo en Il Manifesto, contestó que aceptaba que se utilizara su nombre siempre que se cumplieran tres condiciones: que la lista se elabore desde abajo, es decir, con los movimientos sociales y la sociedad civil; que no se excluyera a nadie, incluidos los partidos de izquierda alternativa que se quieran sumar; y que debe tener como único objetivo “cambiar los equilibrios en Europa a favor de las fuerzas del trabajo contra las del capital y los mercados. De defender la Europa de los pueblos y poner freno a la austeridad que destruye la cohesión social. De reivindicar de nuevo la democracia”.

Portadas de Il Manifesto

La iniciativa se ha puesto en marcha de forma oficial esta semana en Roma con la visita de Tsipras para la reunión de la Ejecutiva del PIE. El líder de Syriza se ha visto además con los promotores de la lista, con el líder de Rifondazione, Paolo Ferrero,  hoy se reúne con Vendola, ha dado una rueda de prensa en la Asociación de la Prensa Extranjera, ha mantenido una reunión con Enrico Letta, ha visitado la redacción de Il Manifesto y ha participado en una entrevista en La 7.

Rifondazione ya ha dado el sí a participar en las europeas en esa lista, mientras que, por ahora, lo de Sinistra, Ecologia e Libertà no está nada claro, aunque sí han conformado un grupo de trabajo para estudiar la posibilidad. Il Manifesto, en un arrebato de optimismo, calificaba ayer de “milagro” el hecho de que Tsipras haya conseguido que la izquierda política y social italiana se hayan puesto a trabajar juntas con un objetivo común.

Italia ha sido hasta ahora un agujero negro para las aspiraciones de la izquierda europea de cara a las elecciones de mayo. Tengo la impresión de que Tsipras es un total desconocido para la mayor parte de los italianos -la entrevista que le hizo Lilli Gruber en La 7 el otro día es una muestra de ello-, así que  habrá que esperar hasta entonces para saber si el líder de Syriza, con una visita, ha conseguido despertar a una sociedad que cuando se habla de política ya no sabe a dónde mirar.

Es posible que la celebración de la reunión del PIE en Roma y la puesta en escena de Tsipras formen parte de una estrategia concreta para cambiar las tornas. Una estrategia en la que Amato tendrá un papel protagonista: el PIE ha decidido que sea el coordinador de la campaña para las europeas.


Alexis Tsipras en Otto e mezzo

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Il Papa straniero

Acababa de aterrizar en Roma, en septiembre de 2010, cuando escuché por primera vez una expresión que me llamó la atención: il Papa straniero (El Papa extranjero). Ya por entonces, el Gobierno de la gran mayoría absoluta de Silvio Berlusconi hacía aguas por todos lados. En abril, Il Cavaliere, con la escena del famoso “che fai?, mi cacci?” durante el Congreso Nacional del Pueblo de la Libertad, certificó su divorcio del posfascista Gianfranco Fini. Fini era presidente del Congreso y se había negado repetidamente a propiciar la aprobación de ciertas leyes que hoy habrían impedido todas las sentencias que ha ido encadenando el magnate.

En la lógica berlusconiana, cuando alguien deja de ser útil a sus intereses, se convierte en enemigo. Así que el ex primer ministro puso a funcionar lo que Roberto Saviano define como la macchina del fango. Movilizó a los periodistas y medios de la corte y le organizó tal campaña de desprestigio que Fini, que si algo ha demostrado durante su carrera es ser un cobarde de tomo y lomo, acabó reculando y, en lugar de abandonar al Gobierno a su suerte, votó a favor de la moción de confianza a la que tuvo que someterse Berlusconi después de la que se había organizado.

El país -aunque no me daría cuenta hasta mucho más tarde de que eso era algo crónico- olía a elecciones anticipadas. Y el Partido Democrático (PD), errático como siempre, empezaba a removerse en busca de un líder con la fuerza necesaria para acabar con el maligno. Hasta entonces sólo Romano Prodi le había ganado en las urnas, y en plena vorágine, Walter Veltroni, al que Berlusconi le hizo un roto monumental en las elecciones de 2008, sugirió en una entrevista con el canal de televisión de La Repubblica, que lo que el PD necesitaba era “una persona de la sociedad civil” que pudiera “sumar” y “provocar la apertura y el consenso en el centroizquierda”. Justo lo que en su momento había hecho Prodi con El Olivo.

Lo que Veltroni estaba pidiendo era alguien ajeno al PD cuya trayectoria y carisma fueran tan indiscutibles que uniera al frente político y social de la izquierda italiana para terminar con el berlusconismo de una vez por todas y reconstruir el país: Il Papa straniero. Como la referencia eclesiástica es clara, he tratado de encontrar el origen de la expresión, pero no he tenido mucho éxito. Y ni el bueno de Iñaki Díez, corresponsal de RNE en Roma, ni la buena de Lucia Magi, profesional a la que el tiempo alguna vez le recompensará todo su esfuerzo, pudieron decirme con exactitud cuándo se empleó por primera vez.

Lo que sí sabemos es que Juan Pablo II fue el primer Papa straniero en cinco siglos, así que imagino que la Curia romana debía tener una muy buena razón para nombrar a un no italiano después de tanto tiempo. Los viajes de Wojtila serían un claro indicativo de que lo que buscaba la Iglesia era superar las barreras de Europa y unir en santo matrimonio a los fieles de todo el globo (y ya de paso acabar con el comunismo, pero ese es otro tema).

La irrupción de Pablo Iglesias con Podemos me ha recordado estos días a esa figura del Papa straniero que se aplica en la política italiana, casi siempre en el centroizquierda. En este caso se trata de un tipo joven, con una formación importante, carismático y respetado, cuyo mensaje es tan claro que llega a cualquier sector progresista, ya sea desde la pantalla de un televisor o desde una plaza en Mérida, y que seguramente genera un sentimiento de pertenencia a algo común, que potencialmente puede desencadenar un nuevo espacio de encuentro.

Cuando me contaron lo que se estaba cocinando hace ahora un par de semanas no voy a negar que me provocó cierta desconfianza. No en Iglesias o en el proyecto, sino en que eso pudiera llegar a algún sitio con Izquierda Unida. Lo que no me esperaba para nada era la postura que han tomado algunos, que más allá de criticarle por los tiempos o la manera de presentar su iniciativa como sí están haciendo muchos, se han centrado en el aspecto mediático. Como si el hecho de salir en las tertulias de los canales mayoritarios le hiciera un personaje menos válido para la izquierda. Si Iglesias es el adecuado, yo no lo sé, pero al menos ha abierto el debate.

El viernes pasado en la presentación de Podemos, él mismo dijo que es consciente de que es “un elemento mediático”. Pero también repitió  algo que muy pocos le podrán negar. Hoy sólo hay dos personas que podrían considerarse referentes de la izquierda social y de la izquierda política con capacidad suficiente como para representar a la ciudadanía en bloque y contar con un amplio consenso político: Ada Colau y Alberto Garzón. La primera ha dicho por activa y por pasiva que no le interesa, y el segundo interpreto que es un cartucho que nadie se quiere permitir el lujo de gastarlo ahora -seguro que ni él mismo- porque Garzón será candidato a presidente del Gobierno más tarde o más temprano.

Iglesias dejó dos reflexiones más que quizá los periodistas no hayamos sabido transmitir con claridad estos días. La primera es que si los actuales líderes de la izquierda tuvieran el don de la palabra, posiblemente él no sería necesario. El que quiera ver en esto un signo de prepotencia es totalmente libre. Pero el tono de Iglesias el viernes estuvo muy alejado del del personaje televisivo. A mi me parece más bien una afirmación realista. Si hubiera alguien capaz de llegar a la gente como él sabe que lo hace , no se estaría presentando a las elecciones europeas.

La segunda es el respeto a los procesos internos de cada organización política. Cuando Iglesias habló de primarias abiertas no estaba retando a nadie. De hecho habló de “competir” desde la “lealtad” -que es muy distinto- con el candidato que IU hubiera elegido de forma interna después del proceso que se ha abierto para la elaboración de listas entre sus federaciones, corrientes y partidos.  Y si IU quiere, una vez que termine su proceso de elección del candidato, Podemos le ofrece dar un paso más allá y permitir que sea la ciudadanía, es decir, el bloque social, el que refrende ese proceso dando el visto bueno a quienes considere más representativos. Eso daría como resultado el ansiado Frente.

La iniciativa, leída en su conjunto, no puede no parecer atractiva a alguien de izquierdas que no milite en IU. Sin embargo, es más que comprensible que los que sí lo hacen tengan muchas dudas, pese a ser conscientes de lo que pueda llegar a representar Iglesias. Una persona que empieza a militar en IU a los 18 años y que, por ejemplo, pasados unos siete años adquiere cierta importancia dentro de su asamblea local o de su federación, es alguien que se ha dejado tiempo, ilusión, esperanza y ganas en las movilizaciones, en las campañas, trabajando en su barrio y preparando acciones, asambleas o conferencias. Y estos dos últimos años han dado para mucho ¿Por qué va a aceptar de buenas a primeras que la persona que IU ha elegido democráticamente consultando a las bases tenga que competir con un Papa straniero? Es más, llegados a ese punto, el juego no se haría en igualdad de condiciones porque el aspecto mediático sería un factor clave en unas primarias abiertas. “Hacer unas primarias de ese tipo sería como asumir que Pablo es nuestro candidato”, me decía alguien hace poco.

Las palabras de Cayo Lara el domingo y el lunes, por mucha punta que se les quiera sacar -como la historia de que son un invento de EEUU-, van orientadas a proteger a la Federación y a reivindicar a su gente y sus procesos internos, que pueden ser todo lo imperfectos del mundo, pero no dejan de ser los que son y fueron refrendados por una gran mayoría en la X Asamblea Federal celebrada hace poco más de un año. Si se quiere ir más allá, el Consejo Político Federal de IU aprobó unas normas hace diez días que implican ya un cierto cambio de aires.

No tuvo un apoyo masivo, es cierto, -fue votado por menos de un 65%- pero se hizo dos días antes de que se diera a conocer la predisposición de Iglesias a presentarse como candidato. Si hubiera habido un acuerdo colectivo mucho más importante, que hubiera ido más lejos de incidir en la mera necesidad de que el proceso sea lo más participativo posible, entonces hoy estaríamos hablando de otra cosa. Si Iglesias hubiera llegado antes, igual también. Eso no quita, no obstante, para que muchos dentro de IU opinen que aún así no se ha hecho suficiente y que es necesario subirse a la ola generada por Iglesias porque aún hay tiempo de aquí a mayo.

¿Cómo conjugar todo el trabajo y el esfuerzo que ha hecho IU este tiempo en la calle con la ruptura que propone Iglesias sin que nadie salga herido? Julio Anguita decía este lunes en Público que él se debe a IU, pero que la iniciativa le parece excelente y que Iglesias ha conseguido concretar ese proyecto de apertura y de unidad al que tantas vueltas le está dando la izquierda. Hay quien ve en Iglesias todo lo contrario, un outsider con intereses oscuros, que en lugar de unión, lo único que va a conseguir es dividir más aún a la izquierda y arrancarle unos cuantos votos a IU en las europeas.

Varias personas a las que admiro por su empeño en hacer que IU sea una organización mejor planteaban ayer la posibilidad de que sea precisamente el Frente Cívico que encabeza Anguita el que haga de mediador entre IU y Podemos. Esto, irremediablemente, me lleva a otra analogía con la temática papal y asumo el riesgo de que alguien empiece a ponerme etiquetas vaticanas. Hablo de la idea de cónclave. Han pasado sólo unos pocos días desde que se conociera de qué va Podemos, pero quizá sea el momento de que, en lugar de que unos y otros sigan lanzándose mensajes velados a través de los medios de comunicación y las redes sociales, se sienten a hablar y busquen lo común. Que no es sólo el programa y los objetivos (democratización de las instituciones de la UE, desaparición de la Troika, renegociación de la deuda y auditoría…), que esos, se sobreentiende que son los mismos. Evitar el espectáculo a los ciudadanos y poner el sentido común y la madurez encima de la mesa sería todo un detalle.

Ahora, si eso se da, esperemos que no ocurra como el famoso cónclave de Viterbo, en el que una comisión especial formada por seis cardenales tardó tres años (1268-1271) en seleccionar a un Papa -que, por cierto, no fue straniero-. Los seis elegidos estuvieron encerrados bajo llave 36 meses en un palacio de esta localidad del Lazio y sólo cuando les redujeron la comida y el agua y le levantaron el tejado al edificio, llegaron a un acuerdo. El frío y el hambre, tienen estas cosas. Como anécdota, puede resultar gracioso. Como estrategia política, sería un desastre.


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No estaba muerto, estaba de parranda

Inmediatamente después del recuento de votos de las elecciones administrativas [6 y 7 de mayo], el presidente Berlusconi y yo presentaremos la novedad más grande que se haya dado en la política italiana y que con toda probabilidad cambiará el curso de la política italiana de los próximos años.

Esto irá acompañado de la campaña más novedosa que haya habido en la política italiana desde el salto al campo del presidente Silvio Berlusconi.

Si el destino de los moderados italianos dependiera de una reunión de Fini, Casini y Rutelli en el despacho del presidente de la Cámara [Gianfranco Fini] no creo que sería un gran destino. Con todo el respeto para ellos, ese despacho no huele a aire fresco.

Angelino Alfano [AKA El delfín] dejó ayer patidifusos a los italianos con su anuncio. Il Cavaliere Silvio Berlusconi no está muerto, sino que está trabajando en algo novedoso que cambiará “el curso de la política italiana”. Miedo da. Ya lo hizo una vez en el 94 y todos sabemos cómo acabó la aventura.

Dos apuntes

a) El misterioso anuncio llega después de que el conocido como Terzo Polo, formado por la Unión de Centro de Pierferdinando Casini; Futuro y Libertad de Gianfranco Fini; y Alianza por Italia de Francesco Rutelli, adelantara que se acerca el momento de crear el Partido de la Nación, una formación que tiene toda la pinta de ser prima hermana de la Democracia Cristiana de la I República. Entre los directores de orquesta es muy posible que haya algunos de los técnicos que hoy gobiernan Italia sin haber sido elegidos en las urnas.

b) Berlusconi, el mismo día que Mario Monti aceptó el cargo ante el presidente de la República, Giorgio Napolitano, ya dijo que no se rendía y que empezaría a preparar la campaña electoral con un gran proyecto a través de internet.

Unos trajes de monja

Casi todos habréis visto ayer las declaraciones de Berlusconi después de asistir al juicio por el caso Ruby (la primera vez en un año y catorce días que lleva abierto el proceso).

Esas en las que decía que “las mujeres son exhibicionistas por naturaleza”, que en Arcore las jóvenes se disfrazaban pero para hacer “concursos de burlesque“, que el cree “no haber hablado nunca de nieta de Mubarak, sino de pariente” y que los trajes de monja se los había regalado Gadafi, aunque no eran de monja monja.

“Me los mandó en un container sin decirme lo que había dentro. Son negros, largos, con joyas, por lo tanto, no de monja, sino de su harem”.

Tres conclusiones

Berlusconi no estaba muerto, estaba de parranda (y lo estará: “Lo voy a seguir haciendo”, dijo ayer). Y seguramente estaba de parranda con un especialista en SEO trabajando en un asalto a internet visto que las televisiones se le están quedando un poco démodé.

Si Ruby, Nicole Minetti, o las gemelas De Vivo, son especialistas en SEO, eso sí que sería la mayor novedad que ha visto la política italiana en toda su historia. Mucho más que el cásting para las elecciones al Parlamento Europeo de 2009. No tengo dudas.

Lo mismo Il Cavaliere está pensando cambiar la Constitución e imponer competiciones de burlesque para sustituir a las elecciones tradicionales. El efecto sería bueno para los partidos, que ya están acostumbrados a travestirse de lo primero que les convenga, y malo para Monti, al que le veo disfrazado de político, pero no de Gadafi.

Una postdata

Es una pena que esto no lo hayan anunciado antes. Me vuelvo a vivir a Madrid “inmediatamente después del recuento de votos de las elecciones administrativas”. Justo cuando la cosa iba a ponerse divertida otra vez. Peccato!

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Historias del berlusconismo tardío (II)

El 6 de septiembre de 2010 Imane Fadil sentía pena por Silvio Berlusconi. Acababa de salir de una “cena elegante” en Villa San Martino, la mansión del Cavaliere en Arcore, y recibió una llamada de Emilio Fede.

El EXdirector del TG4, los informativos de Rete 4 (Mediaset), le preguntó qué tal había ido la velada. “Pobre, estaba cansado, se quería ir a dormir y se le han metido todos en la piscina, a dar el coñazo, a cantar…”, respondió ella.

Marysthelle García Polanco*, modelo, exmeteorina (presentadora del tiempo), olgettina, bailarina y azafata, se había llevado a unos amigos a la cena y la estaban liando. El Cavaliere durmió poco y mal aquella noche.

Fadil, 27 años, modelo y marroquí – como Karima el Mahroug-, es una testigo clave en el juicio paralelo por el caso Ruby, en el que están siendo procesados Nicole Minetti, Lele Mora y el propio Fede por inducción a la prostitución. [Por otra parte se desarrolla el proceso a Berlusconi por prostitución de menores y abuso de poder]

Lo es por dos razones: es una de las pocas jóvenes (de las 32) que se ha constituido como parte lesa -es decir, acusa a los tres imputados de haberle inducido a prostituirse con el exprimer ministro- y nunca ha cambiado su testimonio.

Y su testimonio, aunque escabroso, es muy válido para desmontar a la máquina de propaganda berlusconiana. De Fadil, además de que su nombre aparecía en los pinchazos telefónicos del sumario (de ahí viene la conversación con Fede del principio), se sabía bien poco hasta que el 9 de agosto de 2011 se presentó en el Tribunal de Milán para hablar con Ilda Bocassini, una de las fiscales del caso.

“Nicole [Minetti] estaba guapísima vestida de monja. Entró en el escenario, el famoso de la barra de lap dance. Hizo un baile y un striptease. Un espectáculo muy bonito, de veras. Cuando estaba desnuda, el presidente se le acercó, cogió el crucifijo de madera que tenía en el cuello y dijo: “Que dios santo te bendiga”; después le pasó el crucifijo en la cabeza, entre las piernas y entre los senos”

Era su primera noche en Arcore. Había llegado con Lele Mora. Antes de irse, Berlusconi le invitó a entrar en una habitación y le regaló un collar y un sobre con dinero. Barbara Faggioli y Nicole Minetti se quedaron allí a dormir. A las siguientes cenas volvió con Emilio Fede. Así lo contaría después en una entrevista a Servizio Pubblico.

En otra entrevista, esta vez con Il Fatto Quotidiano, Fadil explicó por qué había decidido no seguirle la corriente a las otras jóvenes que no han querido demandar.

“No aguanto más que se me trate como una que se ha vendido en Arcore. No me interesa el dinero, me interesa mi dignidad. Participé en algunas fiestas en casa del presidente pero no hice nada malo. Acabé metida en esta historia y me he tenido que encerrar seis meses en casa”.

“Nadie me da trabajo ya. Así que he decidido hablar y contar lo que he visto porque  no quiero que ganen las personas que denigran a las mujeres, que convencen a las chicas de que pueden desarrollar su carrera, no por la meritocracia sino por putocracia [Mignottocrazia, término acuñado por el diputado Paolo Guzzanti y título de su libro sobre cómo ha transformado la vida política y democrática Silvio Berlusconi]”

También aportó detalles sobre cómo funcionaba el reclutamiento y las cenas

“Empecé a rodar un videclip con Nina Senicar y un tal Dj Ben, patrocinado por Lele Mora [Ben DJ, nos podemos imaginar cómo era el vídeo] que me preguntó si quería ir a tomar un café a Arcore. Acepté: ¿Por qué no ir a tomar un café con un señor que tiene tres televisiones? ”

“¿Nicole Minetti? Era la que organizaba las fiestas, lo sabíamos todas, La señora hacía de administradora, pero yo intentaba no acercarme a ciertas personas. De hecho en los pinchazos no hay una sola conversación mía ni con ella ni con otras chicas […] Yo solo miraba por mis intereses. Me habían ofrecido trabajar para el canal del Milan y era todo lo que me interesaba”

“Después de la primera vez siempre fue Emilio Fede el que me llamaba y me llevaba a las fiestas en su coche”.

Ayer Imane Fadil acudió a declarar al juicio y la joven no defraudó. Le contó a las juezas que las chicas que se quedaban a pasar la noche “cobraban mucho más dinero”. Y que obviamente se quedaban allí “por sexo, porque las chicas luego se quejaban y tenían miedo de haber contraído alguna enfermedad. Pero todas hacían lo que fuera para quedarse allí”. Según su testimonio, Ruby podía “vengarse y meter en muchos problemas a Berlusconi” porque tenía “vídeos y fotos muy comprometedoras de las fiestas”.

La joven denunció haber sufrido presiones de un hombre para que cambiara su versión de los hechos y aceptara acudir a Arcore a una reunión (Muchos medios han denunciado cómo Berlusconi y sus abogados llevaron a todos los involucrados a la mansión para definir la estrategia de la defensa y para tomarles testimonio).

“Encontré a este hombre cerca de mi casa y me dio un teléfono no interceptable para preparar un encuentro en Arcore, pero yo no quise”, explicó. “Me dijo que estaba cabreándose porque había organizado varias citas y yo no había ido nunca y en ese momento decidí no volver a responderle al teléfono”.

Además de la historia de las monjas y el sobre de Berlusconi, también contó que Faggioli una noche se disfrazó de Ronaldinho. Llevaba una careta del futbolista, la camiseta del Milan y por debajo, solo un tanga. Todo muy elegante.

Como Fadil, Ambra Battilana y Chiara Danese han decidido demandar a los tres imputados. Otras dos jóvenes, Barbara Guerra e Iris Berardi, solo lo han hecho contra Nicole Minetti. Berardi, por cierto, también era menor cuando empezó a ir a Arcore.

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* Esta entrevista que le hizo Miguel Mora a Marysthelle Garcia Polanco no tiene desperdicio.

En este vídeo, “Vamonos pal bunga bunga” versión Marysthelle

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Historias del berlusconismo tardío (I)

Valter Lavitola aterrizó esta mañana en Fiumicino con la misma cara de siempre de no haber roto un plato en su vida. Ha estado huido seis meses, presuntamente en Panamá, porque le tiene “un pánico horrible a la magistratura”. Los señores de uniforme que le escoltan, agentes de la Policía judicial, se lo han llevado directamente a un cuartelillo para tomarle declaración y comunicarle que iba a ser trasladado a la cárcel de Poggioreale en Nápoles.

La suya es una de las historias más surrealistas que han visto los italianos en los últimos tiempos. Fundó un periódico -fantasma-, el L’Avanti!, gracias a los fondos públicos que el Estado concede a las publicaciones de partido o ideológicas (La Fiscalía le acusa de haberse quedado 23 millones de euros para sus negocios personales).

Y nadie había oído hablar de él hasta que un día de septiembre de hace dos años decidió alistarse en el ejército mediático del régimen. L’Avanti! publicó un artículo devastador contra el presidente de la Cámara, Gianfranco Fini, acusándole de haberse quedado con una casa en Montecarlo perteneciente a su anterior partido, el posfascista Alianza Nacional. Con el tiempo se descubrió que todo era mentira. Fini había salido de la coalición que presidía Berlusconi en julio dejando al Gobierno en parada cardíaca y los medios berlusconianos, como venganza, pusieron en marcha la máquina del fango.

Lavitola pensó que con aquello conseguiría hacer realidad su verdadero sueño: llegar al Parlamento como diputado del Pueblo de la Libertad. No lo consiguió -por suerte-. Más tarde afirmaría que Berlusconi estaba en deuda con él.

Lo que es cierto es que con el Cavaliere tenía hilo directo y que gracias a él pudo cerrar varios contratos importantes en Panamá. Pero esto solo se sabría más tarde, el 1 de septiembre de 2011, cuando la Fiscalía de Nápoles ordenó su arresto por haber extorsionado a Berlusconi junto al empresario Gianpaolo Tarantini y su mujer Nicla a cambio de cubrirle las espaldas en el caso Escort.

Abrimos un paréntesis. La Fiscalía de Bari había imputado a Tarantini por proxenetismo y tráfico de drogas en la trama de “fiestas elegantes” del primer ministro en su residencia de Roma. Fue él quien llevó a Palazzo Grazioli a Patrizia D’Addario, la joven que después contaría a medio mundo aquello de las duchas frías del Cavaliere, los polvos a pelo y la cama de Putin.

El 15 de septiembre los fiscales depositaron las actas de la acusación y se levantó el secreto de sumario. La publicación de los pinchazos telefónicos (100.000 ni más ni menos) fue demoledora. De las llamadas casi diarias entre Berlusconi y Tarantini se desprende que el Cavaliere le solicitaba mujeres a la carta, que pagaba por mantener relaciones con ellas y que a la mañana siguiente se llamaban para comentar la jugada (El mito de las 11 mujeres esperando en su puerta viene de aquello).

Berlusconi, para mostrarle su gratitud, ponía en contacto a Tarantini con algunos peces gordos que le llevaron a firmar importantes contratos con la Protección Civil y Finmeccanica, el coloso estatal de la industria armamentística.

Cerramos el paréntesis. ¿Cómo entra en todo este asunto Lavitola? La Fiscalía de Nápoles  investigaba en aquel momento los casos de corrupción que se estaban cometiendo con los contratos de adjudicaciones públicas y consultorías de Finmeccanica. Y el nombre del periodista y el de Tarantini aparecían en varios pinchazos.

Cuando los fiscales intervinieron el teléfono de ambos se encontraron el pastel. Tarantini, a través de Lavitola, estaba recibiendo dinero de Berlusconi. El Cavaliere le pagaba el abogado y le daba dinero todos los meses para mantenerse. El periodista lo recogía directamente en Palazzo Grazioli de la mano de su secretaria, Marinella Brambilla, y se encargaba de administrárselo (el caso acabaría en manos de la Fiscalía de Roma porque allí era donde se movía el dinero).

La primera reacción de los investigadores napolitanos fue pensar que estaban chantajeando a Berlusconi por el caso Escort. La segunda reacción, cuando se publicaron las actas de la Fiscalía de Bari y vieron el contenido de los pinchazos telefónicos, fue todo lo contrario.

Ya se sabe lo mal pensadas que son las fiscalías en Italia. Los fiscales empezaron a plantearse si en lugar de una extorsión, no sería que Berlusconi estaba pagando a Tarantini a través de Lavitola para que no se le ocurriera decir que sabía que las prostitutas eran prostitutas. Todos sabemos que el Cavaliere nunca haría eso y que cuando da dinero a una persona es porque tiene un corazón enorme.

“Ayudé a una persona, Gianpaolo Tarantini, y a una familia con niños que está pasando una situación económica gravísima. No he hecho nada ilícito, tan solo he echado una mano a un hombre desesperado sin pedir nada a cambio. Yo soy así y nada va a cambiar mi manera de ser” [Ver Nicole Minetti en el caso Ruby]

Las ayudas económicas de Berlusconi eran de 20.000 euros al mes. Pero Tarantini quería más y pidió a Lavitola que si conseguía que el Cavaliere le diera 500.000 euros renacería de sus cenizas y se lo podría devolver con intereses. Lavitola conseguiría el dinero pero en lugar de dárselo a Tarantini lo ingresó en una cuenta secreta en Paraguay.

La tesis de que el chantaje no existía empezó a cobrar más fuerza cuando los fiscales, pinchando el teléfono de Lavitola, captaron una conversación de este con Berlusconi.

Otro paréntesis. El periodista estaba en Bulgaria y el Cavaliere le recomendaba que no volviera a Italia. No por lo de Tarantini, ya que ninguno de los dos sabían que estaban siendo escuchados. Sino porque Lavitola, masón reconocido, había aparecido en las investigaciones sobre la P4 de Luigi Bisignani.

Bisignani había tejido durante años una red de espionaje en las entrañas del Palazzo de Montecitorio que le permitía acceso directo a todo lo que se cocía en las comisiones parlamentarias, a la vida privada de los diputados y, por tanto, a chantajearlos influyendo en sus decisiones.

Lavitola conocía a Bisignani, que en sus años mozos fue periodista de Ansa y jefe de comunicación en el Gobierno Andreotti, y los fiscales estaban detrás suya para que aclarara su relación.

Cierre del paréntesis. Aquella conversación, en la que Berlusconi recomendaba a Lavitola que se quedara donde estaba, el Cavaliere le confesó que él también estaba pensando en irse “de este país de mierda”.

“No me importa nada porque yo soy transparente, tan limpio en todo lo que hago que no me afecta nada. Yo no hago nunca nada que pueda convertirse en un delito, así que estoy completamente tranquilo”.

“Lo único que pueden decir de mí es que follo. Esto es lo único que pueden decir que hago, así que, que me pongan micrófonos donde quieran y que escuchen mis conversaciones. No me importa. Total, dentro de unos meses me voy de este país de mierda”

Para ser un chantajista, Berlusconi tenía mucho aprecio por Lavitola, algo que era recíproco. No solo se fugó, como le había aconsejado, sino que además, antes de irse, tuvo el detalle de regalarle una tarjeta de teléfono peruana para que nadie pudiera interceptar las llamadas del primer ministro.

Al lío que se montó con el “este país de mierda” le siguió un vídeo comprometedor.

Las imágenes corresponden a una visita oficial de Silvio Berlusconi a Panamá. Por la escalerilla del avión presidencial, además de al exministro de Exteriores, Franco Frattini, se ve descender a Lavitola.

¿Qué pintaba este señor en Panamá? Lo explicaría el propio Lavitola en dos entrevistas a la televisión italiana desde paradero desconocido -insisto, la mayoría de medios creen que estaba precisamente en Panamá-. Ya que Berlusconi no le dejó entrar en política al menos quería demostrarle que podía ser su embajador personal en Centroamérica y Suramérica. No le fue mal. Su versión es que consiguió cerrar varios acuerdos para Finemccanica con el Gobierno panameño y cuando pidió más dinero se desentendieron de él.

Hoy la Fiscalía de Nápoles ha justificado su ingreso en la cárcel de Poggioreale por corrupción internacional. Según los fiscales habría hecho de intermediario con el Gobierno panameño para cerrar un contrato para la construcción de varias prisiones valorado en 176 millones de euros que nunca acabó de concretarse. Lavitola se tenía que embolsar un pico en comisiones ilegales y se lo tomó tan en serio que consiguió engatusar al presidente Ricardo Martinelli llevándoselo de vacaciones a Villa Certosa, la mansión de Berlusconi en Cerdeña.

Para rematar la faena, la hermana de Lavitola ha declarado a los fiscales que el periodista pensaba chantajear a Berlusconi -esta vez parece que de verdad- una vez hubiera vuelto a Italia. La cifra eran 5 millones de euros a Berlusconi a cambio de su silencio y según la hermana, el Cavaliere sabía perfectamente por qué.

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La lavadora de Tremonti

Cuando escucho a Cristóbal Montoro hablar de las propiedades mágicas que tendrá para la economía española el gravamen la amnistía fiscal aprobada por el Gobierno se me escapa una sonrisa nerviosa. Sobre todo si pone el caso de Italia como un ejemplo ejemplar.

En 2009, el exministro de Economía italiano, Giulio Tremonti, tuvo una ideaca: reeditar el scudo fiscale que él mismo había aplicado en 2002 y proponer a los evasores darle un lavado de cara al dinerillo negro que tuvieran en el extranjero a cambio de un impuesto del 5% para los más rápidos, o de entre el 6% y el 7% para los más perezosos.

El 29 de diciembre de 2009 el Ministerio de Economía emitía un comunicado que dejaría ojipláticos a los italianos

95 y 98. Con estos dos números se puede sintetizar el primer balance de la operación “repatriación de capitales en Italia”.

El volumen de las operaciones es de 95.000 millones de euros (equivalentes a 190.000 millones de las antiguas liras). De este volumen, el 98% son repatriaciones efectivas en Italia.

Son números que marcan un éxito extraordinario, símbolo de la fuerza de nuestra economía y de la confianza en Italia. Y también de inteligencia. El compromiso de los principales países del G20 va orientado en la dirección de que “el tiempo de los paraísos fiscales ha terminado para siempre”. Llevarse o guardarse el dinero en los paraísos fiscales ya no es productivo ni económicamente ni fiscalmente. El rendimiento es mínimo y el riesgo es máximo.

[…]

[Una nueva victoria del berlusconismo] [Risas nerviosas enlatadas]

Esos 95.000 millones emergidos en la fase 1 se convirtieron en un total de 105.000 con la ampliación de la amnistía hasta marzo de 2010 según el Gobierno. El Estado recaudó  5.600 millones gracias a la operación “repatriación de capitales en Italia”.

Pero para el Banco de Italia las cuentas no cuadraban y tenían truco. Según el instituto que gestionaba entonces Mario Draghi, la cifra total emergida era de 85.000 millones (Super Mario 2 estimó que no valía lo de contabilizar las obras de arte, las casas o los yates de lujo). Y sólo el 60% había vuelto efectivamente a Italia.

¿Qué pasó? Tremonti ofreció tres modalidades a los evasores. La regularización, que consistía en permitir que el capital no declarado siguiera en el extranjero siempre y cuando estuviera en países de la Unión Europea; la repatriación real, es decir, los evasores volvían al país con las maletas cargadas; y la repatriación jurídica, que consistía en que un intermediario en Italia debía asumir la gestión administrativa de la suma amnistiada sin necesidad de que el evasor en cuestión tuviera que trasladar físicamente los billetes. Es decir, el Ministerio se apuntaba el tanto porque tenía controlada la pasta, pero la pasta se quedaba en el paraíso.

En julio de 2011, en plena marejada del euro, el Gobierno Berlusconi aprobó un plan de ajustes de 47.000 millones. Un mes después, los mercados le dijeron que tenía que recortar más si no quería acabar como Grecia y a Tremonti se le iluminaron los ojillos. ¿Y si preparamos otro scudo como en los viejos tiempos?, pensó.

La Comisión Europea se olía por dónde iban los tiros y avisó a Italia de que no podía basar el nuevo paquete de austeridad en la lucha contra el fraude [léase, otro eufemismo tan de moda] porque -teniendo en cuenta el historial italiano y a su Gobierno- las previsiones nunca se corresponderían con lo recaudado al final.

Monti, nada más aterrizar, pensó en intentar colársela a Bruselas pero luego recapacitó y aprovechando que las amnistías de Tremonti habían sacado a la luz a unos cuantos tramposos decidió hacerles pagar un 1,5% adicional en el nuevo ajuste de diciembre.

No esta mal, pero sabiendo que el Tesoro sabe que en Suiza hay al menos 100.000 millones de euros de evasores italianos, bien se podía haber firmado un acuerdo como hicieron en su momento Reino Unido y Alemania.

Montoro pensará que gravando el 10% sacará un buen pico. Y que Italia es buena prueba de ello. Lo podrá llamar regularización, gravamen o actualización de los estados económicos de los españoles por el mundo si quiere. Mis nociones económicas son bastante flojas pero para mi, como el caso italiano, esto sigue siendo una forma indiscriminada de reciclar dinero, de reírse a la cara del contribuyente que paga sus impuestos y, por qué no, una sugerencia de que que en el futuro, si a uno le da por llevarse sus ahorros a Suiza o a las Islas Caimán, siempre estará a tiempo de meterlo en la lavadora del Estado cuando le convenga pagando una comisión por el detergente.

Me convencería si el “gravamen” fuera, por ejemplo, del 50%. Ah, no, que así nadie querría apuntarse a la amnistía. Claro, pero sí ganaría más puntos para llamarse lucha contra la evasión fiscal.

Por último, desconozco si el Gobierno piensa diferenciar la proveniencia de ese dinero negro (se agradecen aclaraciones). Porque no es igual vender una casa por 40 millones más 10 millones en negro y llevártelos a un paraíso, que traficar con armas, droga o personas. Sí, España no es Italia (otra frase de moda) Pero estoy convencido de que los clanes mafiosos metieron unos cuantos centrifugados extra a la lavadora de Tremonti.

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No os perdáis esta infografía de Linkiesta.it sobre la tradición de las amnistías -de todo tipo- en la historia de la República italiana.

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Papi sigue pagando

La absolución por prescripción en el caso Mills ha sumido en un extraño silencio a Silvio Berlusconi. El Cavaliere ha reducido el número de apariciones públicas al máximo y últimamente todas sus declaraciones han girado en torno a la trayectoria deportiva del Milán. El sábado, eso sí, tuvo tiempo para hacer una interpretación clásica del motivo de la dimisión de Umberto Bossi.

“Es un golpe directo al corazón. Estoy profundamente dolido. Nada será como antes, todo cambiará. Contra Umberto y la Liga se ha puesto en marcha una operación político-judicial.

Ha terminado también él en la trituradora de la Justicia, pero detrás de todo esto hay un fin político. Es una película que conozco de sobra. Después de mi, le toca a él. Justo a un mes de las elecciones locales”.

Un Berlusconi mudo era lo que menos nos podíamos esperar teniendo en cuenta cómo le están yendo las cosas a Monti. Ha debido pensar que era mejor estar callados y dejar que el profesor se descalifique solo con su proyecto de ley para la reforma laboral -aún no aprobado- y los pequeños conatos de incidente diplomático con España por sus comentarios sobre la salud de nuestra economía.

Pero hay ciertas costumbres que Berlusconi no ha perdido. Il Corriere della Sera publica hoy que el Cavaliere ha seguido pagando grandes sumas de dinero a Nicole Minetti y las gemelas Inma y Eleonora De Vivo. La primera, si no os acordáis de ella, es consejera regional del Pueblo de la Libertad en Lombardía, exhigienista dental de Berlusconi y exbailarina de varios programas de Mediaset.

Además de esto, está imputada en el caso Ruby por inducción a la prostitución porque, según los fiscales, se encargaba junto a Lele Mora y Emilio Fede de reclutar a las jóvenes que asistían a las fiestas bunga bunga de la mansión en Arcore.

Inma y Eleonora son dos testigos clave del caso Ruby ya que participan en las fiestas elegantes de Papi Silvio desde tiempos inmemoriales.

Según los datos que ha proporcionado la Unidad de Información Financiera del Banco de Italia a la Fiscalía de Milán, Berlusconi hizo varias transferencias por un valor total de 127.000 euros a las tres jóvenes entre octubre y julio de 2011, cuando el juicio ya estaba en marcha.

En un comunicado, el abogado del Cavaliere, Niccolò Ghedini, ha explicado así la información sobre las transferencias.

“En relación con la información publicada hoy por el Corriere della Sera queremos dejar claro que se trata de sumas de dinero claramente efectuadas mediante transferencias bancarias, totalmente trazables, desde una cuenta personal del Presidente Berlusconi.

La relación entre las transferencias y que las beneficiarias sean testigos del proceso conocido como Ruby es absolutamente espuria y no tiene ningún fundamento.

Por otra parte, es normal y no hay ningún problema si existen relaciones económicas entre personas investigadas, imputadas o testigos de un proceso. Solo hay que pensar en el caso de que el dueño de una empresa citara a declarar como testigos a algunos de sus trabajadores o familiares.

En realidad, el presidente Berlusconi con la generosidad que le caracteriza ha decidido ayudar, en total transparencia a unas personas que, por culpa del embrollo mediático creado sobre la base de un proceso inexistente, están pasando por un momento de dificultad familiar, profesional y económica.

No tiene nada de malo mientras esos testigos -en este caso no son ni familia ni trabajadoras reconocidas- no falsifiquen sus testimonios en favor de la persona que les paga. Eso hizo David Mills y fue condenado a cuatro años y medio de cárcel por haber aceptado los sobornos de Berlusconi para testificar a su favor en dos juicios. El abogado británico no los cumplió porque el delito había prescrito.

Justo lo que le pasó a Berlusconi en su juicio como sobornador. Quién sabe si con el caso Ruby pasará exactamente igual.

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