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Un corte de manga a toda Italia

Qué divertido / La venganza

Silvio consigue la confianza del Parlamento – Escribid a Fini para mandarlo a Montecarlo. – Gianfranco, es hora de liberar la Cámara – El doble suicidio del líder futurista – Il Cavaliere no tendrá piedad – La cobarde alianza de ex fascistas – chaqueteros – Locura anti Cavaliere: izquierda y Black Bloc al asalto.

En una cosa se equivoca Libero. El corte de manga no se lo está haciendo a Fini. Se lo hizo a toda Italia con la compra de diputados.

Portada diario Libero 15/12/10

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El circo del Parlamento italiano

Si lo importante era ganar, Silvio Berlusconi lo ha conseguido. El primer ministro italiano obtuvo este mediodía el respaldo del Parlamento en la moción de censura presentada por Italia de los Valores (IdV) y el Partido Democrático (PD) a finales de noviembre.

Pero el cómo lo hizo, por tres votos de diferencia, entrará en los libros de historia junto a cinco nombres propios. Los de los diputados tránsfugas, Domenico Scilipoti, Massimo Calearo y Bruno Cesario, que abandonaron sus respectivos partidos el pasado jueves montando un movimiento denominado Grupo de la responsabilidad.

Y también los de dos diputadas de Futuro y Libertad (Fli) arrepentidas, Maria Grazia Siliquini y Catia Polidori, que a última hora decidieron mostrar su fidelidad a Il Cavaliere, desobedeciendo las órdenes de su partido y dejando en ridículo a su líder, Gianfranco Fini.

De los 627 diputados que estaban este martes en el Parlamento, 314 votaron en contra de la moción de censura a Berlusconi, 311 a favor y dos se abstuvieron.

Estas son las cuentas que necesitaba Il Cavaliere pero que no ocultan la realidad: su Gobierno sigue en minoría, la oposición se hace más amplia y la reputación del país, aún más hundida si cabe. Porque hoy la democracia italiana vivió una nueva página negra convirtiendo el Parlamento en un circo.

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Seguir leyendo ‘Berlusconi salva la cabeza en el Parlamento’ en Público.es

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Gordon Brown, el terrible

Domingo 3 de mayo de 2009. La todavía ministra de Comunidades, Hazel Blears, utilizaba The Observer para criticar abiertamente la gestión del primer ministro, Gordon Brown, y reclamar una reacción del Gobierno en medio de una tormenta política con la crisis económica como escenario principal. Con los Conservadores liderando las encuestas desde hacía un año, lo peor para Brown estaba todavía por llegar.

“Labour ministers have a collective responsibility for the government’s lamentable failure to get our message across. All too often we announce new strategies or five-year plans, or launch new documents – often with colossal price tags attached – that are received by the public with incredulity at best and, at worst, with hostility. Whatever the problems of the recession, the answer is not more government documents or big speeches.”

Cinco días después, el diario The Daily Telegraph publicaba las cuentas de gastos de los diputados británicos. El periódico, quizá sin preverlo, acababa de provocar el mayor terremoto político que se recuerda en el Reino Unido en siglos. Durante ese mes y el que le siguió, siete ministros abandonaron el barco. Unos por haber cargado al herario público sus caprichos. Otros, por supuestos motivos familiares. Pero algunos, los que más ruido hicieron, dimitieron por desavenencias con la gestión de Brown.

Blears fue una de los damnificados. La ministra dejaba el cargo ‘oficialmente’, por haberse quedado con 13.000 libras de plusvalía que obtuvo al vender su segunda vivienda. Casa que mantenían los contribuyentes gracias al permisivo sistema del Parlamento. Brown apareció ante los medios calificando su comportamiento de “imperdonable” y le escribió una carta sugiriéndole que lo mejor era dejarlo. Ella renunció.

Pero la dimisión tuvo otros motivos menos aparentes. El dos de junio Blears se reunió con Brown para tratar varios asuntos ministeriales. En aquel encuentro hubo una fuerte discusión entre ambos y esto marcaría su futuro. Dentro del equipo de Brown se acusó a Blears de haber filtrado a la prensa que Jacqui Smith, la ex ministra de Interior, iba a dimitir. Brown, con la excusa de las ‘expenses’ se vengaba así por el artículo en The Observer.

Hay que decir que lo que más molestó a Brown no fue el hecho de que Blears reclamara de manera tan fuerte una reacción de sus compañeros. Esta fue la frase que enfadó realmente al primer ministro:

“People want to look their politicians in the eyes and get their anger off their chests. We need a ministerial “masochism strategy”, where ministers engage directly and hear the anger first-hand. I’m not against new media. YouTube if you want to. But it’s no substitute for knocking on doors or setting up a stall in the town centre.”

A Brown llevaban toda la semana masacrándole por culpa de una aparición en YouTube reclamando una reforma del sistema de gastos del Parlamento. En aquel momento, antes de que el Telegraph se hiciera con la información, los diputados británicos ya estaban tratando de llegar a un acuerdo para la publicación de las cuentas y aumentar la transparencia de la clase política.

Jacqui Smith, a la que un tabloide le había amargado la existencia por publicar cómo los contribuyentes habían pagado las películas porno que su marido veía en un hotel, dimitió. Un día antes que Blears. Y dos antes que James Purnell, el ex ministro de Trabajo y Pensiones. Pero Purnell no quería irse solo. En su carta de renuncia le dijo a Brown lo que ninguno se había atrevido a decir hasta ese momento: lo mejor para el partido es que te vayas.

“Dear Gordon,

We both love the Labour party. I have worked for it for 20 years and you for far longer. We know we owe it everything and it owes us nothing.

I owe it to our party to say what I believe no matter how hard that may be. I now believe your continued leadership makes a Conservative victory more, not less likely.”

Purnell y Blears pertenecen a la generación Blair. Toda una saga de jóvenes políticos que florecieron a los pies del ex primer ministro. Juntos fundaron el denominado New Labour. Brown, que había permanecido a la sombra ocupando diversos cargos de importancia durante dos legislaturas, no pertenecía precisamente a esa clase noble. Con la crisis de las ‘expenses’, los partidarios de Blair formaron una entente para acabar de una vez por todas con él. Tras el varapalo de las elecciones locales y europeas, todos los diputados laboristas se reunieron en Westminster para decidir si Brown se iba o se quedaba.

En la prensa fueron apareciendo voces anónimas que apuntaban los constantes ataques de ira del primer ministro, su dificultad para relacionarse con el resto, la falta de comunicación y de tacto y otras lindezas. Resultó inutil porque Brown aquella tarde dio el mejor discurso que se le recuerda. Y convenció al partido.

Pero hoy, nueve meses después de aquello, la publicación de un libro vuelve a poner en entredicho la personalidad de Brown. Lance Price, antiguo portavoz de Tony Blair, describe en su autobiografía al actual primer ministro como una persona “psicológicamente inestable”, con “accesos constantes de ira” y “delirios de grandeza”. The Independent publica este jueves varios estractos del libro que seguro poblará las mesitas de noche de los conservadores los próximos meses.

Es curioso como los antiguos apóstoles de Blair siguen tirando piedras sobre su propio tejado. Con sus guerras intestinas están acabando con el partido. El objetivo no es más que uno. Que del fiasco que les espera a los laboristas en mayo se imponga el antiguo orden.

En lo poco que aparece hoy en el diario, Brown se convierte más que nunca en un ser abominable y terrible, déspota y traicionero. Según una de las fuentes de Price refiriéndose a Whitehall:

“It isn’t a very nice place for people to work. However bad it sometimes looks from the outside, it’s far, far worse from the inside. And the atmosphere is very much set by him.”

Price ha entrevistado a personajes como Damien McBride, que salió rebotado del departamento de comunicación de Brown, después de que un ‘blogger’ desvelara la estrategia que había preparado para desestabilizar a los ‘tories’. Mediante una serie de rumores falsos difundidos por Internet, el jefe de prensa de Brown pensaba convencer a la opinión pública de que David Cameron, el líder del partido Conservador, tenía una supuesta enfermedad de transmisión sexual, o que George Osborne, la mano derecha de Cameron, tenía una afición desmesurada por las prostitutas de lujo.

McBride dice en el libro que Brown fue “un experimento noble que acabó estrellándose en los tiempos que vivimos”. Si alguien sabe cómo resistir a las rebeliones ese es Brown. Es posible que no sea un político modelo, pero lo que es indudable es que los que quieren sucederle llevan la marca de la casa. La de la ambición de poder que Blair demostró y sigue demostrando. Habrá que ver si eso es lo que necesita el Reino Unido.

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