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Appia Antica

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¿A qué espera la #italianrevolution?

He vuelto esta tarde a la concentración de los indignados españoles en Roma y he escuchado algo que me ha llamado mucho la atención. Los estudiantes de La Sapienza están muy interesados en todo lo que está pasando en España y han ofrecido las instalaciones de algunas asociaciones a los chicos y chicas que están organizando las protestas en Roma para intercambiar experiencias, tratar de movilizarse juntos y quizá, cuando todo esté preparado, empezar ellos de verdad la #italianrevolution.

“Sois una esperanza para todos nosotros”, dijo megáfono en mano uno de los pocos italianos que se habían reunido en Piazza di Spagna durante la asamblea que, por segundo día consecutivo, han celebrado en la famosa escalinata.

Un rato después, cuando estaba caminando para el metro, alguien me comentó lo que hablaban dos chicos que estaban allí sentados: “Pobrecillos, es que están fatal”. Eran dos italianos que se referían a los españoles. La frase es brutal porque denota que ellos mismos no se ven mal. Y lo peor es que están necesitando que un movimiento como el 15M les abra los ojos.

Esta noche intervinieron dos estudiantes italianos de La Sapienza y reconocieron que, pese a que están muy organizados y en los últimos meses han llevado a cabo movilizaciones como las de noviembre cuando tomaron el Coliseo y la torre de Pisa, esto de la #italianrevolution es algo que está en construcción.

Está claro que cada sociedad tiene su tempo para dar determinados pasos. Quiero aparcar ya el debate de si el movimiento 15M es comparable a las revueltas árabes porque me parece absurdo. Desde mi punto de vista no tiene nada que ver. Y después, la mayoría de medios internacionales están tratando la acampada en Sol como una respuesta a los recortes del Gobierno y el desempleo. En realidad eso es sólo una de las consecuencias de todo el sistema que están denunciando. Es posible que si esa hubiera sido la única motivación lo vivido estos días se habría producido mucho antes.

Pero que la sociedad italiana necesite de un elemento externo para rebelarse me preocupa. Si comparamos la situación democrática de Italia y España en los últimos 20 años me temo que la balanza de quién está peor se escora inevitablemente al lado de los primeros.

Esto nos llevaría a hablar de Berlusconi, de sus líos de faldas, los problemas con la Justicia y el eterno debate sobre el conflicto de intereses. Pero prefiero centrarme en un caso concreto y la sociedad en sí. El 14 de diciembre del año pasado pasará a la historia como el día en que el Parlamento italiano consintió el mayor acto de corrupción de la democracia en la Segunda República.

Seis diputados consiguieron salvar al Gobierno de Il Cavaliere en la moción de censura después de cambiar de chaqueta en el último minuto. Surgieron rumores de que Berlusconi había comprado su voto a cambio de determinados favores. Cinco de esos tránsfugas  se convirtieron hace dos semanas en subsecretarios.

Uno de ellos, Massimo Calearo, que antes de la moción formó la Iniciativa Responsable, pasó a ser consejero del primer ministro en Comercio Exterior. Los responsables en diciembre eran tres y ahora son más de 20. Alguno de ellos forma ya parte de la coalición de Gobierno habiendo sido elegidos diputados en otros partidos y siguen pidiendo más puestos.

¿Y cuál ha sido la respuesta de la sociedad italiana? Aún siguen montando la #italianrevolution esperando que lo que les cuenten los estudiantes erasmus españoles en Roma les sirva de algo.

Escándalo tras escándalo me hago siempre la misma pregunta: ¿Te imaginas que eso pasa en España? Llevo aquí desde septiembre del año pasado y en varias ocasiones he tenido la sensación de que estaba a punto de suceder algo grande. Me pasó con el programa de Roberto Saviano, Vieni via con me, con las manifestaciones de mujeres y las concentraciones frente al Parlamento cuando se aceptó presentar el recurso por conflicto de atribuciones ante al Constitucional para determinar la competencia del caso Ruby.

El problema es que los italianos viven en una siesta de esas de domingo después de un cocido. Abres los ojos, haces el intento de despertarte, pero el sofá te atrapa y sigues alargando el sueño media hora más, escuchas de fondo la tele, piensas que ya estás despierto, pero tu cuerpo es incapaz de moverse.

Es posible que los indignados españoles les sirvan de despertador pero si se ponen en marcha tendrán que luchar contra una presión mediática mucho mayor que la Intereconomía de turno. Todo el aparato mediático de Berlusconi utiliza a la mínima ocasión la estrategia del miedo hablando de Brigadas Rojas, comunismo y otros monstruos de la historia de Italia vista desde los ojos de la derecha.

A falta de partidos consistentes, creo que la #italianrevolution es necesaria para recuperar la democracia pero sólo podría triunfar con el tono y las normas que se han autoimpuesto los acampados de sol y tocando las teclas adecuadas para que ningún grupo radical, que los hay en abundancia, les reviente el intento. Hablo del “esto no es un botellón”, la “no violencia”, el “sin banderas ni partidos” como la única forma de conseguir cierta credibilidad.

En Italia, los españoles se han querido separar de alguna manera de cualquier movimiento que estuviera por surgir en Italia para no desviar la atención. Ha sido inteligente porque hasta ahora no se han dejado llevar hacia un terreno que no era el suyo. En la concentración de Roma este sábado se decidió acudir a las reuniones y celebrar las siguientes asambleas con los italianos, sobre todo buscando consejo legal en vista de, si continúa la protesta en Madrid, organizar una acampada ellos.

Pero al mismo tiempo piensan en organizar en Roma una manifestación de todos los grupos de españoles que se están manifestando estos días en todo el país para amplificar sus protestas. Esta es otra de las características del movimiento 15M, son bienvenidas todas las propuestas, pero no se dejan manipular.

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Fotos de la segunda concentración

Fotos  y vídeos de la primera concentración

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Sin auxilio

Una discusión en el metro. Un escupitajo. Un forcejeo. Y un puñetazo.

Una chica rumana, de 32 años, enfermera profesional, está en coma en el hospital Policlínico y ha tenido que ser operada de varias fracturas en el cráneo por el golpe que le ha asestado un joven italiano de 20 años. En pleno metro, tirada en el suelo, ha pasado cerca de minuto y medio hasta que alguien se ha acercado a socorrerla. No se sabe si por miedo, o porque es rumana. Su vida corre peligro y por muchas excusas que él pida, ya nada volverá a ser igual para ella. Ni siquiera si sobrevive.

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Reflexiones romanas

Se cumplen cuatro meses de mi último post. Estaba en londres Entre medias, un verano largo y una mudanza a Roma. Empiezo hoy una serie que espero se pueda alargar como mínimo, como mínimo, dos años.

I. Es tan difícil encontrar un cibercafé en Roma con Wifi, como encontrar a un italiano que reconozca haber votado a Berlusconi.

II. Se cae un mito. La comida italiana es mejor que la española. Y el aceite, también. No se acaba el mundo.

III. Corte de pelo de moda: rapado al 1 por los lados, al 3 por la parte de arriba. Si los chicos romanos que llevan camisetas de licra supieran que este tipo de corte es típicamente gay en Londres, no podrían dormir por las noches.

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