Entradas etiquetadas como Elecciones Reino Unido 2010

El asalto final

Esta noche tiene lugar el tercer debate electoral en Reino Unido. Si todo hubiera seguido como hasta ahora, habría sido una oportunidad más para ver cómo Nick Clegg aguantaba los ataques de David Cameron y Gordon Brown, ante la pérdida de poder que están experimentando.

Pero no será un debate normal. Es posiblemente el último acto de la vida política de Brown. Ayer, el primer ministro culminó una carrera llena de meteduras de pata. Después de un acto de campaña en Rochsdale, una señora se acercó a él en la calle y le planteó algunas preguntas. Sorprendentemente para lo que nos tiene acostumbrados Brown, salió indemne y se podría decir que hasta bien. El ‘premier’ estuvo fresco, elocuente y hasta excesivamente atento.

Pero cuando se metió en el coche oficial afloró el monstruo que habita en él, a micrófono abierto. En uno de sus gestos favoritos cuando se siente amenazado, echó la culpa a su ayudante del encuentro que acababa de tener en la calle. Cuando el miembro de su equipo le preguntó qué le había dicho la señora, Brown contestó: “De todo, es sólo una especie de mujer intolerante“.

Los técnicos de Sky News mejoraron el sonido y se dieron cuenta de que tenían la noticia del día. Eran las 12.30 horas y faltaba media para los informativos de mediodía. Todo el país pudo coprobar de primera mano el humor del primer ministro, que cargaba las tintas contra Gillian Duffy, posiblemente la representante perfecta de la clase trabajadora.

Es imposible que Brown se salve de ésta. Lo ha hecho antes aguantando rebeliones y ataques personales de Cameron, pero esto es como reírse de tus votantes. Que el primer ministro se presentara en casa de Duffy a última hora de la tarde para pedirle perdón en persona no va a contar. Que lo haga muy bien esta noche y dé toda una lección de economía, tampoco. Y si lo hace, entonces habrá que llamarle Brown el gato, el político con más vidas de la historia.

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A partir de las 20.30 horas estaré haciendo el minuto a minuto del debate en El Pub.

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Cuando Brown dejó de estar deacuerdo con Nick

Cuando Brown dejó de estar deacuerdo con Nick, también perdió en las encuestas. En el segundo debate electoral televisado en el Reino Unido, que ganó de nuevo Nick Clegg, pareció que los candidatos se habían intercambiado los papeles. Brown hizo de Cameron metiendo miedo sobre el futuro que le espera al Reino Unido; Cameron hizo de Clegg, tratando de mantenerse al margen y dejando a los otros dos en evidencia; y Clegg hizo de Cameron al recibir los constantes ataques de Brown. Los medios hablan de que Clegg no brilló tanto como en el anterior. Aunque creo que es porque Brown y Cameron estuvieron bastante mejor que en el primer debate.

Empecemos por el final:

ICM para The Guardian:

Clegg 33%

Brown 29%

Cameron 29%

Populus para The Times

Clegg 36%

Brown 27%

Cameron 37%

YouGov para The Sun

Clegg: 32%

Cameron: 36%

Brown: 29%

ComRes para ITV

Clegg: 33%

Brown: 30%

Cameron: 30%

Los sondeos siguen colocando a los laboristas en tercer puesto en intención de votos, pero no hay que llevarse a engaño. Siempre que los de Cameron no pasen del 35%, el sistema electoral británico seguirá premiando a Brown. Tal y como pinta la cosa, el primer ministro puede acabar renovando su mandato con menos votos que ninguno.

Pero dejando de lado los datos, ayer quedó demostrado que Clegg va en serio. Brown sacó toda su artillería para ponerle en evidencia pero no lo consiguió. Le llamó “antiamericano” en dos ocasiones por no haber apoyado la invasión de Irak, dijo que con los liberal demócratas peligraba la seguridad del país y se enzarzó con él en un debate particular sobre las pensiones.

Clegg tiene muy claro qué cartas jugar en cada momento, incluso delante de las cámaras. En esa situación, yo diría que más. De cara al electorado hay una cosa que no pasa desapercibida: su acento es el menos aristocrático de los tres. Y esa puede ser una de las razones por las que esté calando tan bien su mensaje. No tiene antecendetes en Eton, aunque su pasado sea más noble de lo que a él le gustaría.

Luego está su facilidad para dar explicaciones sencillas a los grandes temas. Sobre el sistema de misiles nucleares Trident, repitió que aboga por paralizarlo y repartir los recursos entre las áreas más necesitadas del Ejército. Esa propuesta recibió a principios de semana muy buenas críticas por parte de algunos altos mandos. Además, y para sacudirse las acusaciones de antiamericanismo, Clegg le dijo a Brown que Barack Obama no sólo abogaba por la reducción del armamento nuclear y que eso no tenía que ser incompatible con la lucha antiterrorista.

Brown le dijo que ese tipo de actitud ponía en peligro la segurida del país. Cameron se abstrayó y ni siquiera se molestó en volver a la carga contra Brown con el tema del equipamiento militar. De hecho, se mostró “de acuerdo con Gordon” en que el Trident no se debe paralizar, por la supuesta amenaza terrorista.

En inmigración, Clegg se defendió bien. Quizá su propuesta suene un tanto arriesgada con la recesión aún caliente, pero sí aporta un punto de vista distinto al de Cameron o Brown. Clegg acusó a conservadores y laboristas de no haber hecho nada para controlar la inmigración en los últimos 50 años y que ahora no podían dedicarse a deportar a gente que “forma parte del tejido oculto de nuestra economía, lleva 12 años aquí, hablan inglés y están dispuestos a contribuir con sus impuestos”.

La opción que ofrece Clegg es regularizar a esas personas abandonadas por el Gobierno. Brown y Cameron le dieron la vuelta a la tortilla y recuperaron la teoría del ‘efecto llamada’. Clegg se defendió diciendo que no se trataa de regularizar a los inmigrantes que llegaran ahora, sino a los que ya están en el país desde hace mucho tiempo.

El líder de los conservadores sacó a pasear su lado más duro anunciando el control de las fronteras y deportaciones al canto. Brown, por su parte, vendió otra vez el contrato de puntos para inmigrantes y se jactó de haber implantado el DNI para extranjeros. Al final Clegg tuvo la última palabra y les preguntó que si no sabían dónde vivían esos inmigrantes ilegales que residen en el país, cómo los iban a expulsar.

Como buen ex comisario europeo, Clegg mostró su simpatía por la UE. Advirtió de que la Unión Europea no es un enemigo y que no es perfecta, “pero debemos trabajar juntos”, dijo, poniendo como ejemplo la crisis aérea desatada tras la erupción del volcán Eyjafjalla. También atacó a Cameron por aliarse con “grupos fascistas y anti homosexuales” en el Parlamento Europeo. Cameron, para contentar al ala dura otra vez, habló de cómo Clegg y Brown habían apoyado el Tratado de Lisboa sin llevar a cabo un referéndum. Lo que se le olvidó fue contar cómo él había prometido promover esa consulta si llegaba a primer ministro y luego la retiró. Clegg se lo recordó.

Brown explicó su papel clave en la respuesta a la crisis financiera –Financial Times aparte- y aseguró que con Cameron, el Reino Unido quedaría aislado.

Las constantes discusiones entre Brown y Clegg sobre pensiones e inmigración le hicieron un favor a Cameron. “Aquí tienen una muestra de las consecuencias de un Gobierno en coalición”, llegó a decir hasta dos veces.

Eso y la metedura de pata de Brown. En un momento del debate, Cameron, cansado de los comentarios apocalípticos del primer ministro, le dijo que dejara de meter miedo a la gente. El líder conservador aseguró que esa táctica no iba a funcionar y le preguntó sobre unos panfletos en los que los laboristas afirman que Cameron pretende acabar con las subvenciones invernales de energía. “Deje de meter miedo a la gente”, le espetó.

Brown, contrariado, dijo que él no había autorizado la propaganda. Pero su problema es que cuando miente, se le nota.  Si él no ha autorizado el contenido entonces tiene un problema de organización. Si lo ha autorizado, entonces mintió delante de todos los telespectadores.

Cameron: “Those leaflets you’ve been getting from Labour, those letters you’ve been getting from Labour, are pure and simple lies.”

Brown: “I’ve not authorised any leaflets like that,” he said. “But why isn’t it in your manifesto that you are keeping free eye tests and prescription charges?”.

Cuando Brown dejó de estar deacuerdo con Nick, perdieron lo laboristas otra vez. Pero nunca se sabe. Dejar a Clegg que se luzca (incluyendo en su alegato final en el que tuvo un toque obamaniano) es una manera también de restarle votos a los conservadores. Y eso a Brown le sigue interesando. A estas alturas parece lo de menos quién obtenga más votos, siempre que no gobierne Cameron.

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Nick Clegg, el hombre del momento

El próximo jueves se sabrá si el salto a la fama del líder de los Liberal Demócratas británicos, Nick Clegg, ha sido un espejismo o no. Hace menos de una semana, Clegg era tan sólo un desconocido para la opinión pública. Algunos incluso pensaban que su partido defendía las mismas ideas que el British National Party. Desde el primer debate electoral, Clegg ha ganado en proyección pública. Habrá que ver si es capaz de aguantar las consecuencias de ello.

El juego de Clegg quedó bien claro en el primer cara a cara televisado de la historia en el Reino Unido. No fue otro que presentarse como una alternativa poniendo en evidencia las carencias de los dos grandes y viejos partidos. Digamos que la estrategia es ésta: No me conocéis, pero sabéis de lo que conservadores y laboristas son capaces. Sabéis que ninguno de los dos os satisface al completo. Estáis convencidos de que ninguno cambiará. Dadme una oportunidad.

Y va camino de conseguirla. En menos de una semana, Clegg se ha convertido en un serio peligro para David Cameron y Gordon Brown. En el primer debate, ambos le trataron con condescedencia pensando que era un posible socio de Gobierno más que un competidor. Las encuestas del fin de semana le han llegado a dar el mayor número de votos. Con el actual sistema electoral británico, eso no le otorgaría más diputados, pero sí es un aviso a navegantes.

Tras la condescendencia y el ascenso de Clegg como el político del momento, tanto Brown como Cameron han pasado al ataque. Ninguno está dispuesto a que un desconocido les fastidie la fiesta. Así que ambos se han desviado de la habitual hoja de ruta, que no es otra que insultarse, desmentirse y ridiculizarse, para tratar de restarle importancia a Clegg. Que si la política económica de los liberales es pésima, que si votar a Clegg es votar a Brown, que si los delitos aumentarían con Clegg, etc.

No sabría decir que es peor para ellos. De ser nadie ha pasado a ser un candidato a seguir. Tras el debate, los constantes ataques de conservadores y laboristas le han mantenido en primera plana toda la semana. Y además, es posible que esa reacción sea vista por los votantes como una excusa más para utilizar el voto de castigo y echar una mano a Clegg.

La previsión es que por mucho que ahora parezca que los Liberal Demócratas van a conquistar el mundo, el día de las elecciones pasará lo de siempre: que laboristas y tories se repartirán el pastel.

Aún así ni Cameron ni Brown están como para confiarse. Los analistas no andan finos. Antes del primer debate se presuponía que Clegg iba a conseguir tener mayor visibilidad y podría rozar el 22% de los votos. Ahora las encuestas les dan casi un 30%. La posibilidad de que haya un Gobierno de coalición en la próxima legislatura es ahora más factible que nunca.

Por afinidad política, lo más normal es que laboristas y liberales lleguen a un pacto por mucho que ambos partidos se empeñen en desmentirlo ahora. Pero lo gracioso es que con los últimos sondeos, Clegg acabaría de primer ministro y Brown terminaría reducido a cenizas -no volcánicas- . Algo que los laboristas llevan soñando desde hace tiempo.

Las encuestas de hoy (vía The Guardian):

The Sun (YouGov)

Conservadores: 33% (un punto más que ayer)
Liberal Demócratas: 31% (bajan dos puntos)
Laboristas: 27% (sube uno)

ITV y The Independent (ComRes)

Conservadores: 32% (un punto más que ayer)
Liberal Demócratas: 28% (baja uno)
Laboristas: 28% (sube uno)

The Daily Express (Opinium)

Conservadores: 32% (Baja siete puntos en una semana)
Liberal Demócratas: 29% (suben 12 puntos)
Laboristas: 26% (bajan 5)

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*La imagen viene de aquí. Hay otras, más curiosas.

Más sobre Clegg:

Nick Clegg hailed as ‘Russian aristocrat’

Nick Clegg – the British Obama?

Who’s posher: Clegg or Cameron?

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¿Tan cerca de Westminster?

Los tories tratan de cercar el Parlamento con su publicidad, colocando banderolas a escasos metros de Westminster. Pero sigue sin estar muy claro si conseguirán asaltarlo.

Las encuestas estos últimos días son de todos los colores. Algunas llegan a dar a los conservadores de David Cameron un 40% de los votos, la cifra mágica con la que sueñan los tories para gobernar en mayoría a partir del 7 de mayo.

Esta semana, los más optimistas, como el último de Yougov, les otorgan un 39%. Ésa es la cifra a partir de la cual Cameron podría convertirse en primer ministro. Pero todo lo que acabe siendo inferior a eso puede llevarle al fiasco. Desde un gobierno en minoría a la perdición total.

La conclusión inicial es que a tres semanas de las elecciones no hay nada decidido.

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Los ‘tories’ no consiguen rematar a Brown

Hace un año parecía que estaba hecho. Pero a menos de mes y medio para las elecciones generales en Reino Unido, a los conservadores de David Cameron no les salen las cuentas para acabar con 13 años de gobiernos laboristas. La diferencia entre ambos partidos se ha ajustado tanto según las últimas previsiones, que el empate parece inevitable.

Lo más negro para el Partido Conservador es que, dándose esta situación, el primer ministro, Gordon Brown, tiene muchas posibilidades de permanecer en el poder. Ya sea con un gobierno en minoría o de coalición con los Liberal Demócratas.

La clave para romper las diferencias está en las circunscripciones marginales. En ellas, un incremento mínimo de los votos a favor de uno u otro partido, puede traducirse en una victoria global. El sistema electoral en Reino Unido es tan particular que permite gobernar no al partido que más votos obtiene, sino el que más diputados consigue en las 650 circunscripciones del país.

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Darling, a la caza de los ricos

Puede que sea el último presupuesto que presenta, pero Alistair Darling ha estado a la altura de lo esperado. Con el tono de profesor de universidad que le caracteriza, el ministro de Finanzas británico ha dado toda una clase magistral de cómo presentar unas cuentas a seis semanas de las elecciones.

Explicar al electorado -que no al Parlamento- que hay que recortar gastos y subir los impuestos después de la mayor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial, es sencillo según el método Darling. Porque hay dos tipos de medidas económicas: las que matan y las que sólo las sufren los ricos y alegran.

Ejemplo número 1. A partir de mañana las personas que quieran comprar su primera vivienda no tendrán que pagar el Stamp Duty – un impuesto que se aplica desde 2003 en este tipo de operaciones- siempre que el precio de la casa no supere las 250.000 libras. Pero si el valor de la casa supera el millón de libras, pagarán un 5% más por dicho impuesto que el resto de los mortales.

Ejemplo número 2.  “Los bancos tienen que empezar a devolver a los contribuyentes el dinero que les prestaron para salvarse”. Dicho y hecho. Darling ha obligado a Lloyds y RBS a comprometer 98.000 millones de libras en préstamos para los pequeños y medianos empresarios entre 2010 y 2011.

De hecho, los bancos han formado parte de uno de los puntos principales de su exposición. Después de introducir el denominado bonus tax en diciembre, Darling tuvo el placer de anunciar al público que el Estado ha ingresado 2.000 millones de libras desde entonces. Justo el doble de lo previsto. Ese dinero será empleado como otra partida para ayudar a las pequeñas empresas.

Ejemplo número 3. Como por arte de magia, Darling se sacó de la chistera el mayor éxito del día. El Gobierno británico ha llegado a un acuerdo sobre política fiscal con tres islitas del Caribe – a saber: Belice, Dominica y Granada-. Puede resultar raro, pero no es otra cosa que un torpedo en la línea de flotación de los Tories. Lord Ashcroft, el vicepresidente del Partido Conservador, resulta ser un ‘non-dom’. Es decir, un británico cuyos intereses económicos en países extranjeros -como Belice- le permiten estar exento de pagar impuestos en el Reino Unido.

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Cómo titular un embarazo

Ok, Samantha, la mujer de David Cameron, está embarazada. Se me ocurren cuatro cosas:

Espero que Cameron no recurra al cuento de la niña de Rajoy. Está muy usado y se ha comprobado que los réditos políticos son inexistentes.

Por mucho que se empeñen, no vendrá con un pan debajo del brazo. Ni aunque los conservadores ganen las elecciones, que todavía pueden. Aunque todavía pueden perderlas también. Eso si que no hay predictor que lo pueda asegurar.

Rezo para que deje tranquila a su santa esposa y no convierta su embarazo en un show. Cameron no necesita pasear a Samantha de mitin en mitin. Los conservadores más tradicionales siempre votan y votarán. Aquí y en Camboya.

Solicito piedad a los tabloides para que no se les ocurra volver a hablar del hijo fallecido de la pareja el año pasado, aprovechando la coyuntura.

Mientras tanto, entretengámonos:

The Guardian: Samantha Cameron’s labour bombshell: pregnant – but not in a political way

The Independent: David Cameron’s wife Samantha pregnant

BBC: David Cameron’s wife Samantha pregnant

The Times: Election baby for Samantha Cameron

The Daily Telegraph: Samantha Cameron is pregnant, Conservatives announce

The Sun: Sam Cam pregnant

The Daily Mirror: Samantha Cameron expecting a baby in September

The News of The World: A las 21.40 horas no lo llevan en la home, pero nos cuentan con pelos y señales que la madre de la difunta Jade, le da a la coca.

The Express: Tory leader David Cameron and wife Samantha expecting a baby

Hoy se están portando. Mañana veremos sus portadas.

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