Esperando un edicto búlgaro

La comisión de Industria del Congreso comenzó ayer a debatir el proyecto de Ley que permitirá la privatización de las televisiones autonómicas. Como explica Alejandro Torrús en este artículo, Madrid, Valencia y Castilla La Mancha ya han mostrado su interés en que se apruebe cuanto antes.

Con la mayoría absoluta del Partido Popular, el proceso parlamentario será tan solo un trámite. La votación de ayer terminó con un rechazo mayoritario (182-129) a las enmiendas presentadas por el PSOE, Izquierda Plural, UPyD, BNG y ERC. En conjunto, se oponen a que la televisión pública se convierta en el órgano de propaganda de los partidos.

Sinceramente, en el caso de Telemadrid, creo que es lo mejor que puede pasar. Desconozco las realidades de Castilla La Mancha, Valencia o, por poner un ejemplo del sentido contrario, Canal Sur. Pero así, por lo menos, el Gobierno de Esperanza Aguirre dejará de vender su programación como servicio público.

Telemadrid lleva siendo la televisión, no ya del PP, sino de la propia Aguirre, desde hace muchos años. Cuando vives en el extranjero -incluso en Italia- volver a casa y pensar que hay gente enganchada a esta cadena todo el día te produce un sentimiento de impotencia muy grande.

Sobre todo en el contexto de confusión actual. En la Españaland de la neolengua de la que tanto hablan Nacho Escolar y Rosa María Artal. El PP gobierna en 13 de las 17 Comunidades Autónomas y la privatización de las televisiones autonómicas no es solo una manera de ahorrarle gastos a las administraciones locales. El problema es que 13 más RTVE suman todo.

Hubo un tiempo en el que RTVE fue la envidia de Italia. Una persona muy especial, la cómica Sabina Guzzanti, hizo en 2005 un documental titulado Viva Zapatero! (El vídeo se corresponde con una de las partes subtituladas al español que hay en YouTube).

Dos años antes, Guzzanti tuvo la oportunidad de hacer un programa satírico en la RAI. Se llamaba Raiot (de la palabra inglesa riot: disturbio, motín, desmadre), toda una decaración de intenciones, vaya. A escasas horas de la difusión del primer episodio la dirección de la televisión pública recibió una llamada. No podía ser emitido bajo ningún concepto. La sátira política estaba prohibida en Italia. El entonces director de RAI 3 se opuso al veto y lo mandó en antena. Tras una deliberación del consejo directivo de la cadena, Raiot fue eliminado de la parrilla –Lucia Annunziata, hoy directora del Huffington Post en Italia y entonces máxima responsable de la cadena pública, votó a favor de su supresión-. Raiot solo duró un programa. El del 16 de noviembre de ese año. (Un buen resumen en italiano sobre el caso Raiot)

En Viva Zapatero!, Guzzanti reflexiona sobre el control y la censura que los partidos políticos italianos ejercen sobre la RAI. Y presta especial atención al edicto de Sofía o edicto búlgaro. Silvio Berlusconi, desde la capital de Bulgaria, en una rueda de prensa en abril de 2002, dijo que los periodistas Enzo Biaggi y Michele Santoro, y el cómico, Daniele Lutazzi, hacían un “uso criminal de la televisión pública” cuando hablaban de su relación con Cosa Nostra. (Una sentencia reciente confirmó que Berlusconi pagó dinero a la mafia para proteger sus negocios inmobiliarios y a su familia).

Lutazzi, por entrevistar a otro periodista que acababa de publicar ‘El olor del dinero‘, el subdirector de Il Fatto Quotidiano, Marco Travaglio, tuvo que enfrentarse a cuatro querellas del propio Berlusconi, de Fedele Confalonieri, Fininvest y Mediaset por un valor total de 20 millones de euros. Los jueces acabaron dándole la razón a la libertad de expresión este mismo año.

En el fondo, el título del documental no era más que una reivindicación. La de implantar en Italia un sistema de elección de los responsables de la RAI como hizo Zapatero en España a los pocos meses de llegar a la presidencia del Gobierno.

Como me pasa con Telemadrid, cuando escucho que altos cargos del PP insinúan que Ana Pastor hace un uso indebido de la televisión pública, se me revuelve el estómago. La reforma del Ente propuesta por el Gobierno, que permitirá que el Congreso pueda nombrar al presidente de RTVE sin contar con una mayoría de dos tercios como estipulaba la anterior ley, es el caldo de cultivo perfecto para que en breve presenciemos un edicto búlgaro como el de Italia. No necesitamos un Berlusconi para pegarnos un tiro en el pie. Españaland será dentro de poco un poco más Italialand.

No estaba muerto, estaba de parranda

Inmediatamente después del recuento de votos de las elecciones administrativas [6 y 7 de mayo], el presidente Berlusconi y yo presentaremos la novedad más grande que se haya dado en la política italiana y que con toda probabilidad cambiará el curso de la política italiana de los próximos años.

Esto irá acompañado de la campaña más novedosa que haya habido en la política italiana desde el salto al campo del presidente Silvio Berlusconi.

Si el destino de los moderados italianos dependiera de una reunión de Fini, Casini y Rutelli en el despacho del presidente de la Cámara [Gianfranco Fini] no creo que sería un gran destino. Con todo el respeto para ellos, ese despacho no huele a aire fresco.

Angelino Alfano [AKA El delfín] dejó ayer patidifusos a los italianos con su anuncio. Il Cavaliere Silvio Berlusconi no está muerto, sino que está trabajando en algo novedoso que cambiará “el curso de la política italiana”. Miedo da. Ya lo hizo una vez en el 94 y todos sabemos cómo acabó la aventura.

Dos apuntes

a) El misterioso anuncio llega después de que el conocido como Terzo Polo, formado por la Unión de Centro de Pierferdinando Casini; Futuro y Libertad de Gianfranco Fini; y Alianza por Italia de Francesco Rutelli, adelantara que se acerca el momento de crear el Partido de la Nación, una formación que tiene toda la pinta de ser prima hermana de la Democracia Cristiana de la I República. Entre los directores de orquesta es muy posible que haya algunos de los técnicos que hoy gobiernan Italia sin haber sido elegidos en las urnas.

b) Berlusconi, el mismo día que Mario Monti aceptó el cargo ante el presidente de la República, Giorgio Napolitano, ya dijo que no se rendía y que empezaría a preparar la campaña electoral con un gran proyecto a través de internet.

Unos trajes de monja

Casi todos habréis visto ayer las declaraciones de Berlusconi después de asistir al juicio por el caso Ruby (la primera vez en un año y catorce días que lleva abierto el proceso).

Esas en las que decía que “las mujeres son exhibicionistas por naturaleza”, que en Arcore las jóvenes se disfrazaban pero para hacer “concursos de burlesque“, que el cree “no haber hablado nunca de nieta de Mubarak, sino de pariente” y que los trajes de monja se los había regalado Gadafi, aunque no eran de monja monja.

“Me los mandó en un container sin decirme lo que había dentro. Son negros, largos, con joyas, por lo tanto, no de monja, sino de su harem”.

Tres conclusiones

Berlusconi no estaba muerto, estaba de parranda (y lo estará: “Lo voy a seguir haciendo”, dijo ayer). Y seguramente estaba de parranda con un especialista en SEO trabajando en un asalto a internet visto que las televisiones se le están quedando un poco démodé.

Si Ruby, Nicole Minetti, o las gemelas De Vivo, son especialistas en SEO, eso sí que sería la mayor novedad que ha visto la política italiana en toda su historia. Mucho más que el cásting para las elecciones al Parlamento Europeo de 2009. No tengo dudas.

Lo mismo Il Cavaliere está pensando cambiar la Constitución e imponer competiciones de burlesque para sustituir a las elecciones tradicionales. El efecto sería bueno para los partidos, que ya están acostumbrados a travestirse de lo primero que les convenga, y malo para Monti, al que le veo disfrazado de político, pero no de Gadafi.

Una postdata

Es una pena que esto no lo hayan anunciado antes. Me vuelvo a vivir a Madrid “inmediatamente después del recuento de votos de las elecciones administrativas”. Justo cuando la cosa iba a ponerse divertida otra vez. Peccato!

Historias del berlusconismo tardío (II)

El 6 de septiembre de 2010 Imane Fadil sentía pena por Silvio Berlusconi. Acababa de salir de una “cena elegante” en Villa San Martino, la mansión del Cavaliere en Arcore, y recibió una llamada de Emilio Fede.

El EXdirector del TG4, los informativos de Rete 4 (Mediaset), le preguntó qué tal había ido la velada. “Pobre, estaba cansado, se quería ir a dormir y se le han metido todos en la piscina, a dar el coñazo, a cantar…”, respondió ella.

Marysthelle García Polanco*, modelo, exmeteorina (presentadora del tiempo), olgettina, bailarina y azafata, se había llevado a unos amigos a la cena y la estaban liando. El Cavaliere durmió poco y mal aquella noche.

Fadil, 27 años, modelo y marroquí – como Karima el Mahroug-, es una testigo clave en el juicio paralelo por el caso Ruby, en el que están siendo procesados Nicole Minetti, Lele Mora y el propio Fede por inducción a la prostitución. [Por otra parte se desarrolla el proceso a Berlusconi por prostitución de menores y abuso de poder]

Lo es por dos razones: es una de las pocas jóvenes (de las 32) que se ha constituido como parte lesa -es decir, acusa a los tres imputados de haberle inducido a prostituirse con el exprimer ministro- y nunca ha cambiado su testimonio.

Y su testimonio, aunque escabroso, es muy válido para desmontar a la máquina de propaganda berlusconiana. De Fadil, además de que su nombre aparecía en los pinchazos telefónicos del sumario (de ahí viene la conversación con Fede del principio), se sabía bien poco hasta que el 9 de agosto de 2011 se presentó en el Tribunal de Milán para hablar con Ilda Bocassini, una de las fiscales del caso.

“Nicole [Minetti] estaba guapísima vestida de monja. Entró en el escenario, el famoso de la barra de lap dance. Hizo un baile y un striptease. Un espectáculo muy bonito, de veras. Cuando estaba desnuda, el presidente se le acercó, cogió el crucifijo de madera que tenía en el cuello y dijo: “Que dios santo te bendiga”; después le pasó el crucifijo en la cabeza, entre las piernas y entre los senos”

Era su primera noche en Arcore. Había llegado con Lele Mora. Antes de irse, Berlusconi le invitó a entrar en una habitación y le regaló un collar y un sobre con dinero. Barbara Faggioli y Nicole Minetti se quedaron allí a dormir. A las siguientes cenas volvió con Emilio Fede. Así lo contaría después en una entrevista a Servizio Pubblico.

En otra entrevista, esta vez con Il Fatto Quotidiano, Fadil explicó por qué había decidido no seguirle la corriente a las otras jóvenes que no han querido demandar.

“No aguanto más que se me trate como una que se ha vendido en Arcore. No me interesa el dinero, me interesa mi dignidad. Participé en algunas fiestas en casa del presidente pero no hice nada malo. Acabé metida en esta historia y me he tenido que encerrar seis meses en casa”.

“Nadie me da trabajo ya. Así que he decidido hablar y contar lo que he visto porque  no quiero que ganen las personas que denigran a las mujeres, que convencen a las chicas de que pueden desarrollar su carrera, no por la meritocracia sino por putocracia [Mignottocrazia, término acuñado por el diputado Paolo Guzzanti y título de su libro sobre cómo ha transformado la vida política y democrática Silvio Berlusconi]”

También aportó detalles sobre cómo funcionaba el reclutamiento y las cenas

“Empecé a rodar un videclip con Nina Senicar y un tal Dj Ben, patrocinado por Lele Mora [Ben DJ, nos podemos imaginar cómo era el vídeo] que me preguntó si quería ir a tomar un café a Arcore. Acepté: ¿Por qué no ir a tomar un café con un señor que tiene tres televisiones? ”

“¿Nicole Minetti? Era la que organizaba las fiestas, lo sabíamos todas, La señora hacía de administradora, pero yo intentaba no acercarme a ciertas personas. De hecho en los pinchazos no hay una sola conversación mía ni con ella ni con otras chicas […] Yo solo miraba por mis intereses. Me habían ofrecido trabajar para el canal del Milan y era todo lo que me interesaba”

“Después de la primera vez siempre fue Emilio Fede el que me llamaba y me llevaba a las fiestas en su coche”.

Ayer Imane Fadil acudió a declarar al juicio y la joven no defraudó. Le contó a las juezas que las chicas que se quedaban a pasar la noche “cobraban mucho más dinero”. Y que obviamente se quedaban allí “por sexo, porque las chicas luego se quejaban y tenían miedo de haber contraído alguna enfermedad. Pero todas hacían lo que fuera para quedarse allí”. Según su testimonio, Ruby podía “vengarse y meter en muchos problemas a Berlusconi” porque tenía “vídeos y fotos muy comprometedoras de las fiestas”.

La joven denunció haber sufrido presiones de un hombre para que cambiara su versión de los hechos y aceptara acudir a Arcore a una reunión (Muchos medios han denunciado cómo Berlusconi y sus abogados llevaron a todos los involucrados a la mansión para definir la estrategia de la defensa y para tomarles testimonio).

“Encontré a este hombre cerca de mi casa y me dio un teléfono no interceptable para preparar un encuentro en Arcore, pero yo no quise”, explicó. “Me dijo que estaba cabreándose porque había organizado varias citas y yo no había ido nunca y en ese momento decidí no volver a responderle al teléfono”.

Además de la historia de las monjas y el sobre de Berlusconi, también contó que Faggioli una noche se disfrazó de Ronaldinho. Llevaba una careta del futbolista, la camiseta del Milan y por debajo, solo un tanga. Todo muy elegante.

Como Fadil, Ambra Battilana y Chiara Danese han decidido demandar a los tres imputados. Otras dos jóvenes, Barbara Guerra e Iris Berardi, solo lo han hecho contra Nicole Minetti. Berardi, por cierto, también era menor cuando empezó a ir a Arcore.

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* Esta entrevista que le hizo Miguel Mora a Marysthelle Garcia Polanco no tiene desperdicio.

En este vídeo, “Vamonos pal bunga bunga” versión Marysthelle

Historias del berlusconismo tardío (I)

Valter Lavitola aterrizó esta mañana en Fiumicino con la misma cara de siempre de no haber roto un plato en su vida. Ha estado huido seis meses, presuntamente en Panamá, porque le tiene “un pánico horrible a la magistratura”. Los señores de uniforme que le escoltan, agentes de la Policía judicial, se lo han llevado directamente a un cuartelillo para tomarle declaración y comunicarle que iba a ser trasladado a la cárcel de Poggioreale en Nápoles.

La suya es una de las historias más surrealistas que han visto los italianos en los últimos tiempos. Fundó un periódico -fantasma-, el L’Avanti!, gracias a los fondos públicos que el Estado concede a las publicaciones de partido o ideológicas (La Fiscalía le acusa de haberse quedado 23 millones de euros para sus negocios personales).

Y nadie había oído hablar de él hasta que un día de septiembre de hace dos años decidió alistarse en el ejército mediático del régimen. L’Avanti! publicó un artículo devastador contra el presidente de la Cámara, Gianfranco Fini, acusándole de haberse quedado con una casa en Montecarlo perteneciente a su anterior partido, el posfascista Alianza Nacional. Con el tiempo se descubrió que todo era mentira. Fini había salido de la coalición que presidía Berlusconi en julio dejando al Gobierno en parada cardíaca y los medios berlusconianos, como venganza, pusieron en marcha la máquina del fango.

Lavitola pensó que con aquello conseguiría hacer realidad su verdadero sueño: llegar al Parlamento como diputado del Pueblo de la Libertad. No lo consiguió -por suerte-. Más tarde afirmaría que Berlusconi estaba en deuda con él.

Lo que es cierto es que con el Cavaliere tenía hilo directo y que gracias a él pudo cerrar varios contratos importantes en Panamá. Pero esto solo se sabría más tarde, el 1 de septiembre de 2011, cuando la Fiscalía de Nápoles ordenó su arresto por haber extorsionado a Berlusconi junto al empresario Gianpaolo Tarantini y su mujer Nicla a cambio de cubrirle las espaldas en el caso Escort.

Abrimos un paréntesis. La Fiscalía de Bari había imputado a Tarantini por proxenetismo y tráfico de drogas en la trama de “fiestas elegantes” del primer ministro en su residencia de Roma. Fue él quien llevó a Palazzo Grazioli a Patrizia D’Addario, la joven que después contaría a medio mundo aquello de las duchas frías del Cavaliere, los polvos a pelo y la cama de Putin.

El 15 de septiembre los fiscales depositaron las actas de la acusación y se levantó el secreto de sumario. La publicación de los pinchazos telefónicos (100.000 ni más ni menos) fue demoledora. De las llamadas casi diarias entre Berlusconi y Tarantini se desprende que el Cavaliere le solicitaba mujeres a la carta, que pagaba por mantener relaciones con ellas y que a la mañana siguiente se llamaban para comentar la jugada (El mito de las 11 mujeres esperando en su puerta viene de aquello).

Berlusconi, para mostrarle su gratitud, ponía en contacto a Tarantini con algunos peces gordos que le llevaron a firmar importantes contratos con la Protección Civil y Finmeccanica, el coloso estatal de la industria armamentística.

Cerramos el paréntesis. ¿Cómo entra en todo este asunto Lavitola? La Fiscalía de Nápoles  investigaba en aquel momento los casos de corrupción que se estaban cometiendo con los contratos de adjudicaciones públicas y consultorías de Finmeccanica. Y el nombre del periodista y el de Tarantini aparecían en varios pinchazos.

Cuando los fiscales intervinieron el teléfono de ambos se encontraron el pastel. Tarantini, a través de Lavitola, estaba recibiendo dinero de Berlusconi. El Cavaliere le pagaba el abogado y le daba dinero todos los meses para mantenerse. El periodista lo recogía directamente en Palazzo Grazioli de la mano de su secretaria, Marinella Brambilla, y se encargaba de administrárselo (el caso acabaría en manos de la Fiscalía de Roma porque allí era donde se movía el dinero).

La primera reacción de los investigadores napolitanos fue pensar que estaban chantajeando a Berlusconi por el caso Escort. La segunda reacción, cuando se publicaron las actas de la Fiscalía de Bari y vieron el contenido de los pinchazos telefónicos, fue todo lo contrario.

Ya se sabe lo mal pensadas que son las fiscalías en Italia. Los fiscales empezaron a plantearse si en lugar de una extorsión, no sería que Berlusconi estaba pagando a Tarantini a través de Lavitola para que no se le ocurriera decir que sabía que las prostitutas eran prostitutas. Todos sabemos que el Cavaliere nunca haría eso y que cuando da dinero a una persona es porque tiene un corazón enorme.

“Ayudé a una persona, Gianpaolo Tarantini, y a una familia con niños que está pasando una situación económica gravísima. No he hecho nada ilícito, tan solo he echado una mano a un hombre desesperado sin pedir nada a cambio. Yo soy así y nada va a cambiar mi manera de ser” [Ver Nicole Minetti en el caso Ruby]

Las ayudas económicas de Berlusconi eran de 20.000 euros al mes. Pero Tarantini quería más y pidió a Lavitola que si conseguía que el Cavaliere le diera 500.000 euros renacería de sus cenizas y se lo podría devolver con intereses. Lavitola conseguiría el dinero pero en lugar de dárselo a Tarantini lo ingresó en una cuenta secreta en Paraguay.

La tesis de que el chantaje no existía empezó a cobrar más fuerza cuando los fiscales, pinchando el teléfono de Lavitola, captaron una conversación de este con Berlusconi.

Otro paréntesis. El periodista estaba en Bulgaria y el Cavaliere le recomendaba que no volviera a Italia. No por lo de Tarantini, ya que ninguno de los dos sabían que estaban siendo escuchados. Sino porque Lavitola, masón reconocido, había aparecido en las investigaciones sobre la P4 de Luigi Bisignani.

Bisignani había tejido durante años una red de espionaje en las entrañas del Palazzo de Montecitorio que le permitía acceso directo a todo lo que se cocía en las comisiones parlamentarias, a la vida privada de los diputados y, por tanto, a chantajearlos influyendo en sus decisiones.

Lavitola conocía a Bisignani, que en sus años mozos fue periodista de Ansa y jefe de comunicación en el Gobierno Andreotti, y los fiscales estaban detrás suya para que aclarara su relación.

Cierre del paréntesis. Aquella conversación, en la que Berlusconi recomendaba a Lavitola que se quedara donde estaba, el Cavaliere le confesó que él también estaba pensando en irse “de este país de mierda”.

“No me importa nada porque yo soy transparente, tan limpio en todo lo que hago que no me afecta nada. Yo no hago nunca nada que pueda convertirse en un delito, así que estoy completamente tranquilo”.

“Lo único que pueden decir de mí es que follo. Esto es lo único que pueden decir que hago, así que, que me pongan micrófonos donde quieran y que escuchen mis conversaciones. No me importa. Total, dentro de unos meses me voy de este país de mierda”

Para ser un chantajista, Berlusconi tenía mucho aprecio por Lavitola, algo que era recíproco. No solo se fugó, como le había aconsejado, sino que además, antes de irse, tuvo el detalle de regalarle una tarjeta de teléfono peruana para que nadie pudiera interceptar las llamadas del primer ministro.

Al lío que se montó con el “este país de mierda” le siguió un vídeo comprometedor.

Las imágenes corresponden a una visita oficial de Silvio Berlusconi a Panamá. Por la escalerilla del avión presidencial, además de al exministro de Exteriores, Franco Frattini, se ve descender a Lavitola.

¿Qué pintaba este señor en Panamá? Lo explicaría el propio Lavitola en dos entrevistas a la televisión italiana desde paradero desconocido -insisto, la mayoría de medios creen que estaba precisamente en Panamá-. Ya que Berlusconi no le dejó entrar en política al menos quería demostrarle que podía ser su embajador personal en Centroamérica y Suramérica. No le fue mal. Su versión es que consiguió cerrar varios acuerdos para Finemccanica con el Gobierno panameño y cuando pidió más dinero se desentendieron de él.

Hoy la Fiscalía de Nápoles ha justificado su ingreso en la cárcel de Poggioreale por corrupción internacional. Según los fiscales habría hecho de intermediario con el Gobierno panameño para cerrar un contrato para la construcción de varias prisiones valorado en 176 millones de euros que nunca acabó de concretarse. Lavitola se tenía que embolsar un pico en comisiones ilegales y se lo tomó tan en serio que consiguió engatusar al presidente Ricardo Martinelli llevándoselo de vacaciones a Villa Certosa, la mansión de Berlusconi en Cerdeña.

Para rematar la faena, la hermana de Lavitola ha declarado a los fiscales que el periodista pensaba chantajear a Berlusconi -esta vez parece que de verdad- una vez hubiera vuelto a Italia. La cifra eran 5 millones de euros a Berlusconi a cambio de su silencio y según la hermana, el Cavaliere sabía perfectamente por qué.