Viejos monstruos y padanos viejos

Viendo las portadas de los medios españoles después del batacazo de la bolsa ayer y el arreón de la prima de riesgo uno se queda un poco descolocado.

Está el modelo “El pan nuestro de cada día”: El País y La Vanguardia

Está el modelo “Aquí no ha pasado nada”: -Siempre- La Razón

Y está el modelo “Vamos a morir”: El Periódico

La prensa italiana opta, sin medias tintas, por este último, evocando los viejos monstruos del verano pasado.

  • La Bolsa cae y récord de la prima de riesgo, la crisis no acaba nunca
  • Vuelve la amenaza de la prima de riesgo
  • Cae la bolsa, sube la prima: Monti es inútil
  • Marcha atrás
  • Se hunde la bolsa, sube la prima. Los partidos van a ver a Monti

¿Tan bien estamos en España? ¿Tan mal está Italia? ¿Ha cambiado realmente algo?

Los viejos monstruos del mercado siguen ahí. Pero algo ha cambiado en Italia, sí. Como bien dice Iñaki Díez, el beso de judas.

¿Quién podía pensar que alguna vez la Liga se desharía del padano viejo por excelencia? De alguna manera, el país se ha librado al menos de uno de sus viejos monstruos.

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El bueno, el feo y el malo

El bueno: Roberto Maroni (en el centro), ministro de Interior. No es que sea bueno, sino que me recuerda a un personaje de dibujos animados. Bueno, a dos. Es un ministro cabreado aunque no lo parezca. Cabreado porque, como miembro de la Liga Norte, cree que la participación de Italia en la acción-humanitaria-de-rescate-liberadora del pueblo libio, provocará una llegada desproporcionada de inmigrantes. Como si no se hubiera producido ya. Desde enero, según los datos de su ministerio, han llegado a Italia 15.000 magrebíes, la mayor parte tunecinos. Hoy en Lampedusa hay 5.000, los mismos que habitantes.

El feo: Ignazio la Russa (izquierda), ministro de Defensa. Aunque tenga más cara de malo que de feo, también me tiene cierto aire a otro personaje de ficción. Es un ministro encantado con la guerra.  Principalmente por dos motivos. Cree que la participación de Italia en Libia sirve para eliminar por la vía rápida las críticas por los coqueteos de Berlusconi con Gadafi y para recuperar la imagen del país en Europa después del escándalo Ruby. El partido de ‘el bueno’ le ha obligado a contener sus emociones por aquello de las invasiones bárbaras.

El malo: a pesar de su nombre. Angelino Alfano (derecha), ministro de Justicia. Es el artífice de las mil y una leyes ad personam de Berlusconi más recientes. No pintaba nada en la rueda de prensa. Pero como Il Cavaliere tenía un juicio y no fue, decidieron meterle allí de relleno por si alguien preguntaba.

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Italia aprobó la resolución 1973 de la ONU el viernes pasado y prestó siete bases aéreas a los aliados y ocho cazas para bombardear Libia. Berlusconi ha intentado, con entusiastas como La Russa, borrar de la memoria de los italianos sus trapicheos con Gadafi. Pero tiene un problema. La Liga Norte no está de acuerdo porque además de separatista, es el partido más racista en Italia. Y la Liga Norte hoy es el Gobierno de Italia. Porque si no fuera por Umberto Bossi, Il Cavaliere no sería ya primer ministro (y se vería obligado a acudir a sus juicios) ¿Cuál es el juego? Vender en Italia que esto es una acción humanitaria para acabar con el sátrapa de Gadafi (hoy sí, ayer no), mientras que en Bruselas, el ministro de Exteriores Franco Frattini advierte a sus aliados de que si no se le pasa el mando de las operaciones a la OTAN, Italia recuperará el control de sus bases. Si alguien piensa a estas alturas que Berlusconi está preocupado por el dinero que invierte Libia en la economía italiana es que conoce muy poco al personaje. Berlusconi se preocupa de sí mismo. Y en este caso, para su bienestar, se preocupa de que la Liga esté tranquila.