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Il Papa straniero

Acababa de aterrizar en Roma, en septiembre de 2010, cuando escuché por primera vez una expresión que me llamó la atención: il Papa straniero (El Papa extranjero). Ya por entonces, el Gobierno de la gran mayoría absoluta de Silvio Berlusconi hacía aguas por todos lados. En abril, Il Cavaliere, con la escena del famoso “che fai?, mi cacci?” durante el Congreso Nacional del Pueblo de la Libertad, certificó su divorcio del posfascista Gianfranco Fini. Fini era presidente del Congreso y se había negado repetidamente a propiciar la aprobación de ciertas leyes que hoy habrían impedido todas las sentencias que ha ido encadenando el magnate.

En la lógica berlusconiana, cuando alguien deja de ser útil a sus intereses, se convierte en enemigo. Así que el ex primer ministro puso a funcionar lo que Roberto Saviano define como la macchina del fango. Movilizó a los periodistas y medios de la corte y le organizó tal campaña de desprestigio que Fini, que si algo ha demostrado durante su carrera es ser un cobarde de tomo y lomo, acabó reculando y, en lugar de abandonar al Gobierno a su suerte, votó a favor de la moción de confianza a la que tuvo que someterse Berlusconi después de la que se había organizado.

El país -aunque no me daría cuenta hasta mucho más tarde de que eso era algo crónico- olía a elecciones anticipadas. Y el Partido Democrático (PD), errático como siempre, empezaba a removerse en busca de un líder con la fuerza necesaria para acabar con el maligno. Hasta entonces sólo Romano Prodi le había ganado en las urnas, y en plena vorágine, Walter Veltroni, al que Berlusconi le hizo un roto monumental en las elecciones de 2008, sugirió en una entrevista con el canal de televisión de La Repubblica, que lo que el PD necesitaba era “una persona de la sociedad civil” que pudiera “sumar” y “provocar la apertura y el consenso en el centroizquierda”. Justo lo que en su momento había hecho Prodi con El Olivo.

Lo que Veltroni estaba pidiendo era alguien ajeno al PD cuya trayectoria y carisma fueran tan indiscutibles que uniera al frente político y social de la izquierda italiana para terminar con el berlusconismo de una vez por todas y reconstruir el país: Il Papa straniero. Como la referencia eclesiástica es clara, he tratado de encontrar el origen de la expresión, pero no he tenido mucho éxito. Y ni el bueno de Iñaki Díez, corresponsal de RNE en Roma, ni la buena de Lucia Magi, profesional a la que el tiempo alguna vez le recompensará todo su esfuerzo, pudieron decirme con exactitud cuándo se empleó por primera vez.

Lo que sí sabemos es que Juan Pablo II fue el primer Papa straniero en cinco siglos, así que imagino que la Curia romana debía tener una muy buena razón para nombrar a un no italiano después de tanto tiempo. Los viajes de Wojtila serían un claro indicativo de que lo que buscaba la Iglesia era superar las barreras de Europa y unir en santo matrimonio a los fieles de todo el globo (y ya de paso acabar con el comunismo, pero ese es otro tema).

La irrupción de Pablo Iglesias con Podemos me ha recordado estos días a esa figura del Papa straniero que se aplica en la política italiana, casi siempre en el centroizquierda. En este caso se trata de un tipo joven, con una formación importante, carismático y respetado, cuyo mensaje es tan claro que llega a cualquier sector progresista, ya sea desde la pantalla de un televisor o desde una plaza en Mérida, y que seguramente genera un sentimiento de pertenencia a algo común, que potencialmente puede desencadenar un nuevo espacio de encuentro.

Cuando me contaron lo que se estaba cocinando hace ahora un par de semanas no voy a negar que me provocó cierta desconfianza. No en Iglesias o en el proyecto, sino en que eso pudiera llegar a algún sitio con Izquierda Unida. Lo que no me esperaba para nada era la postura que han tomado algunos, que más allá de criticarle por los tiempos o la manera de presentar su iniciativa como sí están haciendo muchos, se han centrado en el aspecto mediático. Como si el hecho de salir en las tertulias de los canales mayoritarios le hiciera un personaje menos válido para la izquierda. Si Iglesias es el adecuado, yo no lo sé, pero al menos ha abierto el debate.

El viernes pasado en la presentación de Podemos, él mismo dijo que es consciente de que es “un elemento mediático”. Pero también repitió  algo que muy pocos le podrán negar. Hoy sólo hay dos personas que podrían considerarse referentes de la izquierda social y de la izquierda política con capacidad suficiente como para representar a la ciudadanía en bloque y contar con un amplio consenso político: Ada Colau y Alberto Garzón. La primera ha dicho por activa y por pasiva que no le interesa, y el segundo interpreto que es un cartucho que nadie se quiere permitir el lujo de gastarlo ahora -seguro que ni él mismo- porque Garzón será candidato a presidente del Gobierno más tarde o más temprano.

Iglesias dejó dos reflexiones más que quizá los periodistas no hayamos sabido transmitir con claridad estos días. La primera es que si los actuales líderes de la izquierda tuvieran el don de la palabra, posiblemente él no sería necesario. El que quiera ver en esto un signo de prepotencia es totalmente libre. Pero el tono de Iglesias el viernes estuvo muy alejado del del personaje televisivo. A mi me parece más bien una afirmación realista. Si hubiera alguien capaz de llegar a la gente como él sabe que lo hace , no se estaría presentando a las elecciones europeas.

La segunda es el respeto a los procesos internos de cada organización política. Cuando Iglesias habló de primarias abiertas no estaba retando a nadie. De hecho habló de “competir” desde la “lealtad” -que es muy distinto- con el candidato que IU hubiera elegido de forma interna después del proceso que se ha abierto para la elaboración de listas entre sus federaciones, corrientes y partidos.  Y si IU quiere, una vez que termine su proceso de elección del candidato, Podemos le ofrece dar un paso más allá y permitir que sea la ciudadanía, es decir, el bloque social, el que refrende ese proceso dando el visto bueno a quienes considere más representativos. Eso daría como resultado el ansiado Frente.

La iniciativa, leída en su conjunto, no puede no parecer atractiva a alguien de izquierdas que no milite en IU. Sin embargo, es más que comprensible que los que sí lo hacen tengan muchas dudas, pese a ser conscientes de lo que pueda llegar a representar Iglesias. Una persona que empieza a militar en IU a los 18 años y que, por ejemplo, pasados unos siete años adquiere cierta importancia dentro de su asamblea local o de su federación, es alguien que se ha dejado tiempo, ilusión, esperanza y ganas en las movilizaciones, en las campañas, trabajando en su barrio y preparando acciones, asambleas o conferencias. Y estos dos últimos años han dado para mucho ¿Por qué va a aceptar de buenas a primeras que la persona que IU ha elegido democráticamente consultando a las bases tenga que competir con un Papa straniero? Es más, llegados a ese punto, el juego no se haría en igualdad de condiciones porque el aspecto mediático sería un factor clave en unas primarias abiertas. “Hacer unas primarias de ese tipo sería como asumir que Pablo es nuestro candidato”, me decía alguien hace poco.

Las palabras de Cayo Lara el domingo y el lunes, por mucha punta que se les quiera sacar -como la historia de que son un invento de EEUU-, van orientadas a proteger a la Federación y a reivindicar a su gente y sus procesos internos, que pueden ser todo lo imperfectos del mundo, pero no dejan de ser los que son y fueron refrendados por una gran mayoría en la X Asamblea Federal celebrada hace poco más de un año. Si se quiere ir más allá, el Consejo Político Federal de IU aprobó unas normas hace diez días que implican ya un cierto cambio de aires.

No tuvo un apoyo masivo, es cierto, -fue votado por menos de un 65%- pero se hizo dos días antes de que se diera a conocer la predisposición de Iglesias a presentarse como candidato. Si hubiera habido un acuerdo colectivo mucho más importante, que hubiera ido más lejos de incidir en la mera necesidad de que el proceso sea lo más participativo posible, entonces hoy estaríamos hablando de otra cosa. Si Iglesias hubiera llegado antes, igual también. Eso no quita, no obstante, para que muchos dentro de IU opinen que aún así no se ha hecho suficiente y que es necesario subirse a la ola generada por Iglesias porque aún hay tiempo de aquí a mayo.

¿Cómo conjugar todo el trabajo y el esfuerzo que ha hecho IU este tiempo en la calle con la ruptura que propone Iglesias sin que nadie salga herido? Julio Anguita decía este lunes en Público que él se debe a IU, pero que la iniciativa le parece excelente y que Iglesias ha conseguido concretar ese proyecto de apertura y de unidad al que tantas vueltas le está dando la izquierda. Hay quien ve en Iglesias todo lo contrario, un outsider con intereses oscuros, que en lugar de unión, lo único que va a conseguir es dividir más aún a la izquierda y arrancarle unos cuantos votos a IU en las europeas.

Varias personas a las que admiro por su empeño en hacer que IU sea una organización mejor planteaban ayer la posibilidad de que sea precisamente el Frente Cívico que encabeza Anguita el que haga de mediador entre IU y Podemos. Esto, irremediablemente, me lleva a otra analogía con la temática papal y asumo el riesgo de que alguien empiece a ponerme etiquetas vaticanas. Hablo de la idea de cónclave. Han pasado sólo unos pocos días desde que se conociera de qué va Podemos, pero quizá sea el momento de que, en lugar de que unos y otros sigan lanzándose mensajes velados a través de los medios de comunicación y las redes sociales, se sienten a hablar y busquen lo común. Que no es sólo el programa y los objetivos (democratización de las instituciones de la UE, desaparición de la Troika, renegociación de la deuda y auditoría…), que esos, se sobreentiende que son los mismos. Evitar el espectáculo a los ciudadanos y poner el sentido común y la madurez encima de la mesa sería todo un detalle.

Ahora, si eso se da, esperemos que no ocurra como el famoso cónclave de Viterbo, en el que una comisión especial formada por seis cardenales tardó tres años (1268-1271) en seleccionar a un Papa -que, por cierto, no fue straniero-. Los seis elegidos estuvieron encerrados bajo llave 36 meses en un palacio de esta localidad del Lazio y sólo cuando les redujeron la comida y el agua y le levantaron el tejado al edificio, llegaron a un acuerdo. El frío y el hambre, tienen estas cosas. Como anécdota, puede resultar gracioso. Como estrategia política, sería un desastre.


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Ya no somos vírgenes

España ha solicitado esta tarde el ‘no rescate‘ al Eurogrupo para recapitalizar la banca. 100.000 millones de euros que son vistos como una gran noticia por la Comisión Europea (CE), Estados Unidos (EEUU), el Fondo Monetario Internacional (FMI), Italia, Alemania, etc. Todos han celebrado como amigotes reunidos después de una noche de fiesta que la democracia española haya perdido su virginidad a los 35 años. La primera vez nunca se olvida. Sobre todo si te desfloran doblemente.

No se trata solo de que hayamos tenido que pedir dinero para solucionar los problemas de nuestras cajas de ahorros. Hoy hemos vendido también el Gobierno de la mayoría absoluta más abrumadora de la democracia -cosas de la vida-. No hay más que ver que mientras el ministro de Economía, Luis de Guindos, se comía el marrón de la rueda de prensa, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, causaba baja por viaje a la Eurocopa.

En cierto modo es como cuando Berlusconi decía que no podía ir a los juicios porque estaba ocupado con su agenda institucional -Lo sé, me tengo que mirar esta obsesión-. Legítimo impedimento, se llama la norma con la que Il Cavaliere le hace una una pedorreta floreada a los jueces cada vez que le llaman a declarar. En el caso de Rajoy es el legítimo impedimento para reconocer que o tiene que dimitir, o va a tener que reformar su Gobierno a los seis meses de llegar.

No estoy diciendo que toda la culpa del agujero del sistema financiero español sea suya. Estoy diciendo que la negación de la realidad es un problema muy grave para un gobernante. Como muchos estaréis pensando en José Luis Rodríguez Zapatero ahora mismo, imaginaos qué se habría dicho si hoy siguiera en el Gobierno y no hubiera estado en la rueda de prensa. Rajoy haciendo la maleta para Polonia tampoco es el mejor ejemplo de unidad del que siempre habla el Partido Popular.

Vender el Gobierno significa, en este caso, vender nuestra soberanía. La directora del FMI, Christine Lagarde ha emitido un comunicado a las pocas horas de que se oficializara el rescate diciendo que la institución se presta a seguir de cerca el uso que el Gobierno español hace del dinero.

“The IMF stands ready, at the invitation of the Eurogroup members, to support the implementation and monitoring of this financial assistance through regular reporting.”

El propio comunicado del Eurogrupo durante la rueda de prensa de De Guindos deja claro que va a haber un control estrecho.

“El Eurogrupo resalta que España ha implementado reformas significativas en el ámbito fiscal y del mercado laboral y medidas destinadas para fortalecer el capital de los bancos españoles. El Eurogrupo confía en que España cumplirá con sus compromisos sobre el déficit excesivo y con las reformas estructurales, con el objetivo de reducir los desequilibrios macroeconómicos […] Junto a la asistencia financiera se seguirán de cerca y se revisarán los avances en estas áreas”

El Eurogrupo no dice explícitamente que el rescate bancario está condicionado a aplicar nuevos recortes. Esa ha sido prácticamente una de las principales ideas de la comparecencia de De Guindos. Pero el documento no deja de tener tufo a chantaje y a intervención. Los griegos saben bastante de esto: Si te sales de la línea se corta el grifo.

Los 100.000 millones de euros llegarán al Estado procedentes del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (ESFS) o del Fondo de Rescate Permanente (ESM). El Gobierno lo trasladará al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) para que lo reparta entre las entidades en dificultades con la supervisión del FMI y de la CE -esto quiere decir que los señores de negro sí van a venir-.

Por una parte es una buena noticia: el sistema financiero saneará sus cuentas y no tendrá excusas para no reactivar el flujo de dinero. ¿A qué precio? Pese a que De Guindos ha dicho que el rescate tendrá unas condiciones muy ventajosas (para los bancos) –El País habla de unos intereses del 3%- el déficit y la deuda con respecto al Producto Interior Bruto se incrementarán.

Es aquí donde está la trampa. Rajoy consiguió que la UE aceptara un tratamiento especial para la reducción del objetivo del déficit en 2013. El “apoyo financiero”, como lo llama De Guindos, pondrá las cosas aún más difíciles para cumplirlo. Y eso significa más recortes.

El pasado 30 de mayo Bruselas le dijo al Gobierno que se había olvidado de meterle la tijera a algunas cosas. Por ejemplo al IVA, a la edad de jubilación, al mercado laboral, a la fiscalidad o a los servicios públicos. Así que el sufrimiento no ha terminado.

Y no hay que dejarse engañar por los titulares. Esto no es un rescate a España -y entiendo por España a nosotros-. Es un rescate a los bancos que nos han llevado a esta situación. A los señores del #sinpa de La sexta columna y sus prácticas tan responsables. Con lo que volvemos al inicio de la crisis (Españistán). En otras palabras: nos la han metido doblada.

Mañana juega España y Rajoy estará en Polonia. Como dicen algunos, al menos podemos ganar la Eurocopa. Eso sí, el primer gol nos lo han colado por la escuadra. Si el polvo ha merecido la pena lo sabremos el lunes.

PD: Si el agujero de Bankia es de 23.000 millones y el FMI calculaba el sábado de madrugada que el rescate tendría que ser de unos 40.000 millones, ¿a quién irá destinado el resto?

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