La lavadora de Tremonti

Cuando escucho a Cristóbal Montoro hablar de las propiedades mágicas que tendrá para la economía española el gravamen la amnistía fiscal aprobada por el Gobierno se me escapa una sonrisa nerviosa. Sobre todo si pone el caso de Italia como un ejemplo ejemplar.

En 2009, el exministro de Economía italiano, Giulio Tremonti, tuvo una ideaca: reeditar el scudo fiscale que él mismo había aplicado en 2002 y proponer a los evasores darle un lavado de cara al dinerillo negro que tuvieran en el extranjero a cambio de un impuesto del 5% para los más rápidos, o de entre el 6% y el 7% para los más perezosos.

El 29 de diciembre de 2009 el Ministerio de Economía emitía un comunicado que dejaría ojipláticos a los italianos

95 y 98. Con estos dos números se puede sintetizar el primer balance de la operación “repatriación de capitales en Italia”.

El volumen de las operaciones es de 95.000 millones de euros (equivalentes a 190.000 millones de las antiguas liras). De este volumen, el 98% son repatriaciones efectivas en Italia.

Son números que marcan un éxito extraordinario, símbolo de la fuerza de nuestra economía y de la confianza en Italia. Y también de inteligencia. El compromiso de los principales países del G20 va orientado en la dirección de que “el tiempo de los paraísos fiscales ha terminado para siempre”. Llevarse o guardarse el dinero en los paraísos fiscales ya no es productivo ni económicamente ni fiscalmente. El rendimiento es mínimo y el riesgo es máximo.

[…]

[Una nueva victoria del berlusconismo] [Risas nerviosas enlatadas]

Esos 95.000 millones emergidos en la fase 1 se convirtieron en un total de 105.000 con la ampliación de la amnistía hasta marzo de 2010 según el Gobierno. El Estado recaudó  5.600 millones gracias a la operación “repatriación de capitales en Italia”.

Pero para el Banco de Italia las cuentas no cuadraban y tenían truco. Según el instituto que gestionaba entonces Mario Draghi, la cifra total emergida era de 85.000 millones (Super Mario 2 estimó que no valía lo de contabilizar las obras de arte, las casas o los yates de lujo). Y sólo el 60% había vuelto efectivamente a Italia.

¿Qué pasó? Tremonti ofreció tres modalidades a los evasores. La regularización, que consistía en permitir que el capital no declarado siguiera en el extranjero siempre y cuando estuviera en países de la Unión Europea; la repatriación real, es decir, los evasores volvían al país con las maletas cargadas; y la repatriación jurídica, que consistía en que un intermediario en Italia debía asumir la gestión administrativa de la suma amnistiada sin necesidad de que el evasor en cuestión tuviera que trasladar físicamente los billetes. Es decir, el Ministerio se apuntaba el tanto porque tenía controlada la pasta, pero la pasta se quedaba en el paraíso.

En julio de 2011, en plena marejada del euro, el Gobierno Berlusconi aprobó un plan de ajustes de 47.000 millones. Un mes después, los mercados le dijeron que tenía que recortar más si no quería acabar como Grecia y a Tremonti se le iluminaron los ojillos. ¿Y si preparamos otro scudo como en los viejos tiempos?, pensó.

La Comisión Europea se olía por dónde iban los tiros y avisó a Italia de que no podía basar el nuevo paquete de austeridad en la lucha contra el fraude [léase, otro eufemismo tan de moda] porque -teniendo en cuenta el historial italiano y a su Gobierno- las previsiones nunca se corresponderían con lo recaudado al final.

Monti, nada más aterrizar, pensó en intentar colársela a Bruselas pero luego recapacitó y aprovechando que las amnistías de Tremonti habían sacado a la luz a unos cuantos tramposos decidió hacerles pagar un 1,5% adicional en el nuevo ajuste de diciembre.

No esta mal, pero sabiendo que el Tesoro sabe que en Suiza hay al menos 100.000 millones de euros de evasores italianos, bien se podía haber firmado un acuerdo como hicieron en su momento Reino Unido y Alemania.

Montoro pensará que gravando el 10% sacará un buen pico. Y que Italia es buena prueba de ello. Lo podrá llamar regularización, gravamen o actualización de los estados económicos de los españoles por el mundo si quiere. Mis nociones económicas son bastante flojas pero para mi, como el caso italiano, esto sigue siendo una forma indiscriminada de reciclar dinero, de reírse a la cara del contribuyente que paga sus impuestos y, por qué no, una sugerencia de que que en el futuro, si a uno le da por llevarse sus ahorros a Suiza o a las Islas Caimán, siempre estará a tiempo de meterlo en la lavadora del Estado cuando le convenga pagando una comisión por el detergente.

Me convencería si el “gravamen” fuera, por ejemplo, del 50%. Ah, no, que así nadie querría apuntarse a la amnistía. Claro, pero sí ganaría más puntos para llamarse lucha contra la evasión fiscal.

Por último, desconozco si el Gobierno piensa diferenciar la proveniencia de ese dinero negro (se agradecen aclaraciones). Porque no es igual vender una casa por 40 millones más 10 millones en negro y llevártelos a un paraíso, que traficar con armas, droga o personas. Sí, España no es Italia (otra frase de moda) Pero estoy convencido de que los clanes mafiosos metieron unos cuantos centrifugados extra a la lavadora de Tremonti.

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No os perdáis esta infografía de Linkiesta.it sobre la tradición de las amnistías -de todo tipo- en la historia de la República italiana.

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