El valium Monti (I)

En menos de un mes se ha hundido un crucero de lujo con 4.229 viajeros a bordo -hubo casi una veintena de muertos y todo el litoral del Tirreno sigue en peligro por la contaminación- y han fallecido medio centenar de personas por la peor ola de frío y nieve que se recuerda en Italia en los últimos 30 años. Me pregunto qué hubiera pasado si Silvio Berlusconi aún fuera el primer ministro italiano y su Gobierno, en lugar del de los profesores universitarios, hubiera actuado como lo ha hecho este.

Habrá quien piense que no dejan de ser dos sucesos aislados. Pero también han sido las dos mayores emergencias que se le han presentado al Gobierno Monti –riesgo de quiebra aparte– desde su formación en noviembre del año pasado.

En el primer caso, la actuación se redujo a un decreto del ministro de Infraestructuras, Corrado Passera, con el que se prohíbe la navegación de este tipo de embarcaciones en zonas como Venecia y se amplía la distancia que deben mantener con respecto a la costa; y a que el ministro de Medioambiente, Corrado Clini, decretara el estado de emergencia ante el riesgo de vertido.

En el segundo, el Gobierno ha volcado toda la responsabilidad de lo sucedido en las actuaciones de los alcaldes y prefectos -con razón, porque así es el sistema, pero no toda-, ha alabado el trabajo de la Protección Civil, a quien ha prometido más fondos, y poco más, una comparecencia de la ministra de Interior Anna Maria Cancellieri. Hoy sigue nevando, sigue habiendo pueblos semibloqueados y muriendo gente sin que nadie dé la cara.

Entre esto y lo que posiblemente habría hecho el propio Berlusconi -por ejemplo, desplazarse hasta la isla de Lampedusa Giglio para fotografiarse con las familias de los desaparecidos- hay un mundo. Pero un mundo que denota que la desconexión total de la realidad social que vive el país afectaba a Il Cavaliere del mismo modo que le está afectando a los técnicos.

Vuelvo al inicio. Me pregunto cómo habría reaccionado la prensa si Berlusconi siguiera al mando. En los dos ejemplos anteriores -dos sucesos, sí, aunque relevantes- la mayor parte de los diarios considerados serios en Italia no se han parado a pensar si el Gobierno podría haber hecho más -es imposible que prevea un naufragio, pero por ejemplo, podría haber prestado mucha más atención al lío con la lista de pasajeros y desaparecidos-.

Monti, el austero y sobrio Monti, el señor de humor británico, educación exquisita, esposa habitual y fan del loden verde, el funcionario, el profesor, el primer ministro y el senador vitalicio Mario Monti, ha tenido en la mayor parte de la prensa italiana el mismo efecto que un valium (la dormidera también ha traspasado fronteras, muchas fronteras).

Mañana se cumplen tres meses de la dimisión de Silvio Berlusconi. En los próximos posts os hablaré de qué ha hecho y piensa hacer el Gobierno Monti y lo bien que se lo están tomando todos los periódicos.

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