La ley electoral y el sistema Cosentino

Nicola CosentinoEl Constitucional italiano ha dicho ‘no’ a la celebración de un referéndum a favor de la reforma de la ley electoral y el Parlamento ha salvado de acabar en la cárcel, por segunda vez en dos años, a Nicola Cosentino, coordinador general del PdL de Berlusconi en Campania, acusado por la Fiscalía de Nápoles de colaborar con el clan camorrista de los Casalesi.

Pueden parecer dos noticias sin ningún tipo de relación, pero no es así. No voy a entrar en el mérito sobre si el Tribunal podría haber tenido más en cuenta los 1,2 millones de firmas recogidos por los promotores de la consulta. Si ellos han decidido la no constitucionalidad de las dos preguntas que se habrían planteado es por algo.

Hablar de intereses políticos en la decisión de los jueces que componen la consulta, como ha hecho Antonio Di Pietro, líder de Italia de los Valores y uno de los máximos exponentes del movimiento referendario, es exantamente igual que cuando Berlusconi pronunció la frase mágica ante Obama: “En Italia hay una dictadura de jueces comunistas”. “Italia es un régimen” ha dicho Di Pietro. Ya lo retirará.

Sí que me gustaría analizar cuáles eran esas dos preguntas, qué implicaban y qué tienen que ver con Cosentino.

La primera proponía la abrogación de la actual ley electoral, el Porcellum – o como la llamó su propio creador, el exministro para la Simplificación Legislativa, el leguista Roberto Calderoli, porcata, es decir, cerdada-. La segunda, la aplicación de la anterior ley electoral, el Mattarellum -nombre acuñado por el que la inventó, el diputado Sergio Mattarella-.

¿Qué diferencias hay entre ambas? La segunda, digamos, es una ley más a la española -no por ello más justa, no se me entienda mal-, se aplica la famosa ley D’Hont y permitía la elección nominal de los diputados que componen el Parlamento. El Porcellum, sin embargo, fue la trampa de Berlusconi para avanzar hacia el bipolarismo perfecto y castigar a la izquierda, muy disgregada, premiando a las coaliciones que obtuvieran la mayoría relativa de los votos y -atención- eliminando la elección nominal de los diputados y senadores. Estos, los escoge el jefe del partido.

Es decir, que los italianos, en 2008 eligieron a Berlusconi y este eligió a Cosentino -que antes había hecho sus pinitos en la Unión de Centro de Casini- como diputado del PdL. Los fiscales de Nápoles acusan a Nick O’americano de ser el “referente político del clan de los Casalesi”, de contribuir a la compraventa de votos en Casal di Principe y otros municipios del Casertano para favorecer la infiltración de la Camorra en los ayuntamientos y de haber hecho de intermediario con el director de una filial de Unicredit en Roma para que dos exponentes del clan obtuvieran un crédito con el que financiar las obras de un centro comercial monstruoso en dicha localidad, gracias a la licencia ilegal que el propio Cosentino les había conseguido.

¿Por qué querría Berlusconi tener a un tipo así como coordinador general de su partido en Campania y, como consecuencia en el Parlamento? En determinadas zonas de Italia, si tienes el apoyo de la mafia, entonces controlas el territorio. Si tienes un Cosentino, para ser más simples, tendrás muy pocos problemas y, otra cosa importante, lo más seguro es que ganes elección tras elección.

Pero esto lo ha hecho Berlusconi y lo han hecho los demás. En diciembre de 2010, Domenico Scilipoti, Massimo Calearo, Bruno Cesario, Maria Grazia Siliquini y Catia Polidori cambiaron de chaqueta en el último minuto y votaron en contra de la moción de censura al Cavaliere, presentada por la oposición tras el escándalo Ruby.

Se habló mucho de compraventa de votos, de favores encubiertos y, de hecho, Berlusconi hizo subsecretarios a muchos de ellos -conocidos posteriormente como Responsables-. La prensa, la sociedad y los partidos políticos se descargaron con Scilipoti, que había sido elegido por Italia de los Valores de Di Pietro como diputado. Curioso.

Hablando unos días después de aquello con la periodista Concita de Gregorio, entonces directora de L’Unità, me dijo que Scilipoti, un tipo que lo máximo que ha hecho en su vida de parlamentario ha sido promover leyes a favor de la medicina natural y la acupuntura, estaba ahí por culpa de Di Pietro, que se habría dejado llevar con la misma lógica que Berlusconi con Cosentino.

Di Pietro tiene su parte de culpa al hacer las listas de su partido. En Italia, a los candidatos de cada región los elige el líder del partido. No por su historial, porque es el mejor, o porque ha hecho una carrera notable, los eligen porque consiguen votos. Muchas veces en zonas con la presencia de la mafia y altos índices de criminalidad, que claramente condicionan la vida política. Domenico Scilipoti , por ejemplo. Cuando sales elegido en Messina [uno de los centros de la ‘Ndrangheta calabresa], por una diferencia tan grande de votos, o eres Ghandi o eres uno de ellos”.

En la entrevista que le hice a Di Pietro para Público, el exfiscal echó balones fuera

Scilipoti estaba con nosotros desde hacía diez años ¿Podía esperarme después de todo este tiempo una traición así? Por eso denuncié ante la magistratura la compraventa. Los cambios de chaqueta de la oposición a la mayoría han sido muchísimos. Pese a que fuera a mi costa, la situación sirvió para dar a entender que el Gobierno hoy sólo existe porque Berlusconi ha comprado los votos uno a uno”.

En esa entrevista, Di Pietro destripó también los cambios que pretendía introducir en la ley electoral con el referéndum o sin él, algo que, sin lugar a dudas, podría poner fin al sistema Cosentino. Además de la vuelta al sistema nominal, pedía

Que se respeten tres condiciones: que los que hayan sido condenados no puedan ser candidatos; que si son condenados por el Supremo durante su mandato parlamentario, sean expulsados; la imposibilidad de asumir cargos en el Gobierno para quien sea enviado a juicio, y la incompatibilidad para desempeñar cualquier otro papel institucional”.

Ha sido el Parlamento el que ha decidido que Cosentino no vaya a la cárcel de manera preventiva, es decir, la Cámara de corruptos -ojo, no todos- que se formó gracias a la ley electoral. En un contexto más amplio, se puede afirmar que los partidos han perdido una oportunidad de oro para demostrar al ciudadano que con la imposición de Monti han empezado a cambiar.

El problema es que una vez neutralizado el referéndum la reforma de la ley electoral queda en sus propias manos -como ha pedido el presidente de la República, Giorgio Napolitano, esta mañana-. Y todos sabemos qué engendro puede salir de ahí. God bless italians.

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Como apunte final sirva que los italianos también tienen parte de culpa: en 2009 un referendum para reformar la ley electoral obtuvo la cuota de participación más baja de la historia (el 23%) en este tipo de consultas.

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