Cuando el problema no es irse de putas (y III)

Lele Mora ha configurado a lo largo de los años el denominado “sistema de las cenas”. Un negocio del que tanto él como las estrellas emergentes o las pre estrellas de la televisión italiana, han sacado jugosos beneficios. Él, porque aumenta su fama de cazatalentos (masculinos o femeninos) y porque su ojo clínico no defrauda nunca a las exigencias de las personas que asisten a los eventos berlusconianos. Ellas (en su mayoría, aunque también ellos), porque a cambio de favores sexuales consiguen contactos con el mundo de la política, los negocios y la televisión que les sirven de trampolín.

Y como se pudo comprobar en los vídeos difundidos el martes por la noche por el semanal Oggi, el trasvase de bellezas a casa de Silvio Berlusconi no es muy complicado. Basta con subirse al Mercedes de Lele Mora para tener acceso al cielo de Arcore.

Ruby es un producto más de este sistema. Después de salir de comisaría e irse a casa de su supuesta amiga Michèlle, pasó unas semanas allí. Las dos chicas discutieron y la policía la volvió a detener. En comisaría no fue Nicole Minetti, sino el propio Lele Mora el que la recogió diciendo a los policías que a partir de ahora podría vivir con él cuanto quisiera.

Mora le consiguió un trabajo de gogó en un local de Milán, en el que Ruby, aún menor de edad, exhibía su cuerpo fingiendo orgías en un escenario. A cambio de los shows, Ruby podí pernoctar en los apartamentos que el dueño de la discoteca pone a disposición de sus chicas. Un final demasiado escabroso para la chica que dijo una vez que querría ser policía.

Es cierto que Ruby nunca pareció una chica centrada. Se fugó de casa de sus padres diciendo que su padre no podía aguantar que se hubiera convertido al catolicismo y la pegaba. Llegó a una casa de acogida para menores, de donde se fue a las pocas semanas. Luego pasó por otro de estos centros, de donde también se fugó. Y acabó cayendo en el sistema de las cenas.

Pero volviendo a la reflexión del primer post. El problema ya no es sólo que Berlusconi presione a la Policía, que la persona que se iba a hacer cargo de la chica se lave las manos o que el Gobierno diga que el primer ministro hace esto por tener un gran corazón. El problema son las consecuencias que tienen para las personas y para la imagen y la proyección internacional de todo el país, los tejemanejes de Il Cavaliere. El problema o la incongruencia es, en este caso, que sólo las personas que están cerca del premier se puedan beneficiar de ese gran corazón. O en palabras de nuevo de Marco Travaglio:

Italia no puede estar gobernado por una persona que la mitad del tiempo se va de putas y la otra mitad del tiempo la dedica a tratar de esconder que se va de putas

El caso Ruby parecía cerrado. El ministro de interior, Roberto Maroni, compareció ante el Parlamento el pasado martes repitiendo las palabras del procurador Bruti Liberati, por lo que el Gobierno da por buena la actuación en el caso de la entrega en custodia de la menor. Pero ayer se produjo un nuevo giro de tuerca. Anna Maria Fiorillo, la fiscal a la que teóricamente se le solicitó la puesta en libertad de Ruby, ha recurrido al Consejo Superior de la Magistratura porque dice que Maroni miente.

“No recuerdo haber ordenado la puesta en libertad de Ruby en ningún momento”, dijo ayer Fiorillo a los periodistas. Si no fue ella, ¿quién dio la orden? Se sabrá en pocos días.

Mientras tanto, asoma la cabeza otro producto estrella de Lele Mora. Fabrizio Corona, una vez capo de los paparazzi italianos y convertido en celebrity por juntarse con Mora, asegura que él tiene fotos de las fiestas de Arcore “pero que ningún periódico las quiere publicar”.

Si alguna vez salen a la luz, el final de la historia sería muy irónico. Berlusconi convierte a Lele Mora en la persona más influyente del mundo de la televisión. Éste le devuelve el favor con jovencitas y jovencitos que nutren sus programas basura y las fiestas de Arcore. Uno de ellos consigue fotos, las publica y derrumba todo el imperio.

Por ahora es solo una hipótesis. Pero si algo ha demostardo Corona (que ha pasado por la cárcel por extorsionar a famosos) es que sólo tiene pasión por una cosa: el dinero. Y con lo flojo que está el Gobierno Berlusconi, unas fotos más serían la estocada mediática perfecta para acabar con el premier y obtener aún más notoriedad.

Esto tiene relación con la preocupación de Massimo D’Alema en las últimas semanas. El director del Copasir, la Comisión se Seguridad del Parlamento, ha pedido formalmente dos veces a Berlusconi que acuda a una reunión para revisar su dispositivo de seguridad. Il Cavaliere se ha negado porque cree que eso podría ser el escenario perfecto para juzgarlo por su afición a las fiestas. D’Alema, sin embargo, afirma que el hecho de que se paseen por la casa del primer ministro una retahíla de personas que él no conoce puede suponer un riesgo para su integridad y para la de todo el país.

Por último, también sería demasiado irónico que Berlusconi acabe cayendo por un caso así. A sus espaldas carga con cuatro procesos judiciales abiertos por lavado de dinero, corrupción y fraude fiscal. Demasiado como para que sean sus vicios los que desencadenen el fin.

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Recomiendo echar un vistazo a Videocracy, de Erik Gandini, para entender la importancia de la televisión en Italia.

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