Israel, ¿un país amigo?

Israel puede respirar tranquilo porque ya tiene un problema diplomático menos. El ministro de Exteriores británico, David Miliband, ha anunciado este martes la expulsión de un diplomático israelí. La razón es la suplantación de la identidad de 12 británicos por parte del Mosad para asesinar en enero en Dubai al líder de Hamás, Mahmud al-Mabhuh. Londres se ha limitado a criticar el medio, pero no el fin. Algo que puede interpretarse como un gesto de hipocresía considerable.

Miliband compareció en el Parlamento para comunicar a los diputados los avances de la investigación que ha llevado a cabo la Soca, que es la Agencia contra el crimen organizado del Gobierno. Calificó de “intolerable” la falsificación de los pasaportes y afirmó que el daño era más grande considerando que Israel es un “país amigo”.

Es gracioso como cada vez que Reino Unido y EEUU critican a Israel acaban con una frase del tipo “pero nuestro compromiso con la seguridad de Israel es innegociable por la amistad que nos une” (Ver cómo reculó ayer Clinton tras la conferencia ante el AIPAC). Forma parte del doble lenguaje al que tan bien se ha acostumbrado o han acostumbrado a Israel.

Pero quizá Washington y Londres tendrían que pensar que cuando un ‘país amigo’ se dedica a poner en evidencia a tu vicepresidente anunciando la construcción de 16.000 viviendas en Jerusalén Este, o falsifica tus pasaportes para matar a un palestino, no es tan buen amigo.

Por esto no es de extrañar que fueran varios los diputados – también algunos laboristas- los que le preguntaron a Miliband si el Gobierno pensaba expresarse así cada vez que Israel viole las leyes internacionales en Gaza. Miliband no sabe y no responde o lo hace con evasivas. “El objetivo del Gobierno es que Israel no vuelva a repetir lo ocurrido”. Ni siquiera esta frase es creíble porque Israel, con lo de Dubai, ya ha repetido lo ocurrido hace 23 años. Entonces fue Margaret Thatcher la que primero se cabreó y después acabó alabando la amistad con los israelíes.

Londres ha perdido una oportunidad de oro para ponerle las cosas en su sitio a Israel. El niño malcriado sabe que con quedarse un rato en su esquina sin hacer ruido, el padre que le consiente volverá a jugar con él pasados cinco minutos.

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