El racismo no se cura con maquillaje

Al British National Party (BNP) no le va a bastar con permitir afiliarse a los ciudadanos no blancos para librarse de la Justicia. El próximo viernes un juez decidirá si el hecho de que se obligue a esas personas a firmar los estatutos es discriminatorio o no, tras la denuncia de la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos.

Esos estatutos incluyen la obligación de oponerse a cualquier tipo de “integración o asimilación” que perjudique a los “británicos indígenas”, así como el requerimiento de apoyar “el mantenimiento y la existencia de la unidad e integridad de los indígenas británicos”.

Algunos os preguntaréis, ¿Indígenas británicos? El BNP es un partido de extrema derecha que está afanado en defender la prevalencia de los derechos de los descendientes de los primeros ciudadanos que poblaron las islas por encima de los de cualquier otro. Hablando claro, los derechos de los blancos primero.

El término indígena ha causado bastante controversia y cachondeo. Nada mejor que volver a la participación del líder del BNP Nick Griffin en el programa de la BBC Question Time en octubre del año pasado. La intervención de Bonnie Greer, directora del British Museum, es para ser recordada durante muchos años [minuto 5.03 del vídeo]:

“On his site he starts his history largely in 700 AD; where’s the rest of British history? Where’s the Romans? There’s a reason the Romans aren’t there, because they were a multicultural society. Anybody could be a Roman citizen, and there were armies here of Africans and Asians and Europeans and when Rome left they were left behind. Now what happened with them? Do you think they hooked up with your indigenous Ice Age Britons, Nick?”

No sabemos si aquellos romanos abandonados se enrollaron con los indígenas de la Edad de Hielo que Nick Griffin defiende, como dice Greer. Pero sí es una manera más de desmontar la constante necesidad de protagonismo de este partido de ultras.

Herederos del Frente Nacional, el BNP ha estado desde 1982 marginado de la política generalista hasta las pasadas elecciones al Parlamento Europeo. Consiguieron hacerse con nada menos que dos asientos en Bruselas.

Su ascenso fue analizado como la victoria de un sector radical de la sociedad castigado por la crisis económica y escandalizado por el tejemaneje de los diputados británicos con el dinero público a espaldas del contribuyente. Explotando la imagen de Churchill hasta la saciedad, utilizando eslóganes como ‘British jobs for british workers‘ (que curiosamente fue empleado por el primer ministro Gordon Brown hace un par de años) y atacando constantemente a la comunidad muslumana y a los inmigrantes, se aprovecharon del momento más confuso de la política del Reino Unido en un siglo.

En una sociedad como la británica hablar de racismo causa gastroenteritis aguda. Y que un partido racista se te cuele hasta la cocina es una salmonella que bien se tienen que aplicar en curar en las próximas elecciones Gobierno y oposición.

Aquí no son muy de ilegalizar partidos, pero si los laboristas piensan que maquillando los estatutos del BNP se les va a curar la ideología, andan mal orientados.

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