Hablemos de sexo en el colegio como ustedes crean

El de la viñeta de Dave Brown en The Independent es el ministro de Educación Ed Balls. Los laboristas han preparado una nueva ley sobre educación sexual en la escuela pública -que contará en el expediente- para explicar a los niños la importancia de los contraceptivos, la idoneidad de mantener relaciones con parejas estables, la existencia de los matrimonios civiles y lo reprobable de la homofobia.

Hasta aquí todo bien. Lo que pasa es que Balls presentó una enmienda para el texto final que da vía libre a los colegios religiosos públicos -que también los hay- para explicar a su manera lo de los contraceptivos. Hoy, el Parlamento la ha aprobado.

¿Cuál es el sentido de una nueva ley de educación sexual si en algunos centros van a poder contar a los niños lo que quieran? Eso se pregunta David Laws, diputado liberal-demócrata.

“The issue is, in the 21st century, are we going to have a school system which is going to be tolerant of intolerance in the name of religious freedom? Or should we say in the 21st century that it is right that all state-funded schools should be teaching tolerance and respect for diversity?”

Es de suponer que en algunos centros, bien sean católicos, musulmanes o ultra ortodoxos, temas como la homofobia o los contraceptivos no van a ser enseñados en el modo que el Estado quiere que se haga.

Balls ha recurrido a la excusa típica de los políticos: Esto es mejor que lo que había antes. Claro, antes, o hasta ahora, las escuelas religiosa podían obviar directamente hablar a sus niños sobre educación sexual. De ahí que, por ejemplo, los británicos tengan ciertos problemas con las enfermedades de transmisión sexual. Los casos de herpes genital subieron un 10% el año pasado, y los jóvenes de entre 15 y 24 años acapararon el 65% de los casos de Clamidia. Con las juergas que se corren no es de extrañar.

El pasado verano, el DJ de la BBC Greg James se dio un paseo por Magaluf, en Mallorca, para estudiar el comportamiento estival de los británicos. Resulta que al final de las vacaciones la mayoría pasa por la farmacia de turno para que les den una “pastilla mágica” -así la llaman- que supuestamente les limpia de cualquier infección.

Pero esta es otra historia. Balls dijo ayer que los colegios con la antigua ley “podían elegir entre no informar sobre contraceptivos o criticar la homosexualidad”. Con la nueva, al menos les explicarán que existen los condones, aunque usarlos sea malo.

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Balls está de suerte: los embarazos en adolescentes bajaron este año. A pesar de lo que digan los Tories.

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